La noche nos alcanzó y decidimos dormir justo dónde estábamos. Parecía que una gran tormenta había pasado por ese lugar, el ambiente era muy extraño y se me dificultaba respirar. Un intenso dolor se apoderó nuevamente de todo mi cuerpo, y antes de caer lo último que vi en aquella noche fue la cara de Kenya.
No sé cuánto tiempo dormí, el aire se sentía diferente.
-Llewelyn -escuché una voz que me nombraba- ya es tiempo, despierta para que podamos platicar.
Me desperté y no sabía de dónde venía aquella voz, quizá estaba enloqueciendo porque sólo retumbaba en mis oídos. Tuve una extraña sensación la cual hizo que el corazón me latiera más rápido.
-Estás demasiado nervioso, por favor cálmate, concéntrate para que me pueda hacer visible.
Después de los últimos sucesos pensé que todo era posible, no obstante decidí seguir los consejos que me dictaba. Me relajé, me senté y mi respiración la hice lenta y larga.
-Eso es, vas muy bien sigue así -dijo aquella voz- no me temas Llewelyn, si te quisiera hacer daño te anunciaría mi llegada.
Había llegado el momento y estaba concentrado con los ojos cerrados, algo está raro. ¿Cómo es posible que esto suceda?, me siento diferente y más ligero...
-Llewelyn, Llewelyn...
Todo se tornó muy luminoso, no soporté aquel resplandor que casi me enceguece. Aquella intensa luminosidad fue absorbida por mi corazón.
Estaba desconcertado de lo que había sucedido y seguí concentrándome más. Cayó una densa y gran oscuridad como árbol que es derribado con un hacha. Algunas fieras salían de la nada, sólo alcanzaba a apreciar la luminosidad de sus ojos en contraste con la oscuridad.
Sí bien, ¿estoy es una locura o un sueño muy extraño? me pregunté. No importaba lo que fuese, estaba seguro que el miedo no puede estar e una locura y mucho menos en un sueño.
Aquellas bestias me tenían rodeado y gruñían de manera amenazante; una decidió lanzar sus grandes garras y colmillo hacia mí, mi boca se abrió por instinto y todo lo absorbió.
-Muy bien, has rebasado mis expectativas, ahora abre tus ojos para que me veas.
Abrí los ojos muy lentamente... me quedé atónito ante la figura que estaba enfrente mío, era aquel guerrero viejo con el cuál había conversado antes de que todo comenzará.
-Nos volvemos a ver -dijo mientras se me acercaba- la verdad creí que necesitarías una segunda oportunidad para que me pudieras ver. Escúchame bien, mi tiempo se está terminando y pronto tendré que irme.
Aquellas palabras que repitió el viejo eran dagas que caían una tras otra sobre lo más sensible de mi ser. La primera vez que nos encontramos sentí una sensación de seguridad y mucha paz.
Se acercó a mí y puso su mano derecha sobre mi frente y dijo unas palabras que nunca las había escuchado, después de que pronunció estas palabras aparecimos en una habitación gris, muy oscura, la única luz que emanaba era la de las antorchas colocadas en las esquinas.
-¿Dónde estamos? -le pregunté al viejo guerrero mientras miraba de hito en hito.
-Eso no importa ahora, presta mucha atención a los que nos alcanzarán y por ninguna razón interactúes con ellos, ¿quedó claro?
-Sí -admití sin comprender nada.
El guerrero se dirigió al frente de aquella habitación dónde había una silla, lo seguí hasta que tomo asiento.
A mis espaldas se escuchaba el crujido de unos barrotes que se rompían y el arrastre de unas cadenas. Cada vez se escuchaban más cerca, con el miedo que sentía no quise voltear, pero se escuchaba más cerca.
Aquellas cadenas habían cesado, sin embargo, sólo me limité a ver al viejo en su silla de piedra.
Ambas presencias se colocaron a mis lados, volteé a la izquierda y vi la silueta de una persona alta la cual portaba una túnica que sólo se le podía ver la boca.
Se percató de que lo observaba y ladeo la cabeza hacia el lado derecho y sólo me dedicó una sonrisa, me atemoricé porque la escena fue escalofriante.
-¡Deja de jugar Llewelyn! -dijo el viejo guerrero mientras me miraba a los ojos reprendiéndome- pongan atención que no queda mucho tiempo.
Bajo de la silla y abrió un pasadizo que estaba debajo de su silla y en frente de nosotros, sacó diferentes armas y las puso a un lado.
-Divide estas arman en dos bandos -fueron las órdenes del guerrero- después regresa a tu lugar y espera.
Me acerqué y dividí, del lado derecho coloqué una espada, un escudo y un arco. Del otro lado puse dos cimitarras, y un mayal de guerra. Retomé mi posición y esperé las nuevas órdenes.
-¿Todos están de acuerdo con esta división? -preguntó el viejo con una voz imponente.
Yo no dije nada puesto que ta pregunta pareciera que es lanzada hacia los dos seres que estaban a mi lado, ellos tampoco respondieron así que nada más asintieron.
-Llewelyn, ponte en medio de los dos bandos de armas y ustedes dos -los vio con la mirada- detrás de cada montón y de Llewelyn.
Caminé lentamente hasta acatar las órdenes del viejo.
-¿Así está bien? -pregunté temerosamente.
-Sí -confirmó el guerrero- Ahora viene la parte que a todos nos interesante para los cuatro.
-Verás que sí -dijo quien me dedicó la sonrisa- un poco cruel, pero aquella definirá los lugares que nos corresponden.
jueves, 23 de febrero de 2017
miércoles, 19 de diciembre de 2012
Los crasiers
Perdí la noción del tiempo. Estaba muy adolorido y además tenía una sed muy fuerte; pareciera que había pasado unos años en el desierto más cruel. Seguía mareado y los latidos de mi corazón eran tenues.
-Has dormido demasiado, pensamos que habías muerto -dijo Kenya sentada enfrente de mí observándome.
-Uh uh uh -intentaba responderle, pero no podía.
-No te esfuerces, desde la primera vez que te vi sabía que eras especial.
Kenya sirvió un poco de agua, se acercó de mí y estiró su brazo ofreciéndola gentilemte.
No pude tomarla puesto que mis brazos no me respondía, pareciera qué lo que sucedió el día anterior me había dejado agotado.
-Yo te ayudo -dijo sonriendo; tomó mi cabeza con su mano izquierda inclinándola y me dio de beber el agua- toda la aldea te teme y a la vez se siente segura.
Verás, Seintran era sólo un mito que nos cuentan nuestros padres; y con tu llegada lo hemos podido ver.
Kenya estuvo casi todo el día conmigo, me dio de comer y se dedicó a cuidarme.
La noche había arribado, y el viento silvaba con tremenda fuerza. Un búho se de detuvo en un árbol y su mirada parecía estar clavada sobre nosotros dos. Kenya empezó a alterarse y a modo de murmullo decía:
-No ellos no, por favor, no, que no sean ellos.
Yo no me podía mover por el dolor y apenas sentía que no me recuperaba.
-Qu qué pa pa pasa -fue la única frase que podía articular.
-Son las señales de ellos, ¡¿no lo entiendes?! ¡corres peligro! -dijo mientras me miraba con desesperación- no sé quién ha mandado a traerlos.
-¿Qui quie quie quienes so son?
-No tienen un nombre que los identifique, nadie ha visto sus rostros, los he visto actuar una vez.
Son muy crueles y sádicos; mi corazón no se ha equivocado, además me ha dicho que tú jugarás un papel importante y que has venido a cambiar el destino de los que vivimos.
Comenzó a llover y relampaguear. Era una lluvia torrencial y con la noche demasiado oscura de aquel día era una combinación espectacular.
Kenya se asomó por la puerta, lo que se veía era una oscuridad muy densa.
Un trueno cayó en el árbol que se encontraba el búho haciendo eco en todo el lugar.
Sonó un portazo de repente, lo que hizo que estuvieramos alerta. Entraron Amy, Dax y Seintran totalmente mojados.
-Kenya, mi más preciado tesoro e hija mía, tenemos que salir- dijo Amy con mucha ternura.
-¡Nooooooooo! -gritó Kenya al unísono- vienes con ellos, pude sentirlo y vi sus señales, él no merece esto, ustedes lo vieron como una amenaza cuando ni si quiera le dieron una oportunidad.
-¡Escucha tus palabras Kenya!, casi mata a Seitran y aún así lo defiendes .dijo Dax enfurecido- Es una amenaza que no podemos controlar por eso es que los hemos llamado.
-Niña, te he observado durante un largo tiempo y durante tus caminatas por la montaña dos veces has estado en peligro, tus atacantes han sido entrenados y no fueron comunes, tienes algo valioso dentro de ti que ellos quieres. ¿Crees que tú sola hubieras podido con ellos?
Por supuesto que no, yo te he defendido no sólo porque tú eres especial, sino porque eres parte de la aldea que mis ancestros y yo hemos jurado proteger con nuestra propia vida.
Kenya se hincó y rompió en llanto.
-Vamos hija es tiempo de que los Crasiers hagan su trabajo.
-¡Lutus inpan! -exclamó Kenya mientras sus manos intentaban contener sus lágrimas.
-¡Tiene que ser una broma! -dijo Amy- ni si quiera lo conoces, no sabes si es de fiar y aún así quieres atormentar a tu alama viendo lo que se realizará a continuación.
Detrás de ello entro un ser que caminaba demasiado encorbado; pareciera que arrastraba las muñecas.
Su vestimenta era una túnica negra, todo indicaba que su cabello era demasiado largo ya que era lo único que se le podía ver y también era arrastrado.
-Eres una niña muy inocente jajajaja -se echo a reir- no sé quién eres, y no me importa, conoces las palabras, pero deberías saber que para llevar a cabo ese acto debes de poseer un corazón más puro que el agua o llevar un vínculo directo.
Sin embargo, de no ser así pagarás con tu vida.
Amy levantó a Kenya, Dax y Seintran se acercaron a ella también e hicieron un círculo como protector.
-No dejaré que la toques -dijo Amy mientras los miraba con una fiera que está dispuesta a defenderla a muerte.
Seitran estaba aún con el brazo diestro herido, sien embargo, empuñó su espada por si la situación se saliera de control.
Entraron los demás Crasiers, el resto parecían ser muy altos y eran ocho.
Vestían igual que el primero y sus caras estaba cubiertas por máscaras echas de madera y con signos diferentes grabados en la frente.
Kenya codeó a Amy y Seitran para ponerse enfrente.
-Estoy conciente de la delicadeza de lo que cité, así que adelante.
Tres Crasiers se pusieron al rededor de ellos formando una especie de triángulo. Un cuarto se había adentrado en el triángulo e iba directo hacia Kenya.
-Ustedes tres sálganse que este asunto no les concierne -dijo el que no tenía ninguna máscara.
Al finalizar estas palabras sólo pude ver como tres líneas negras salían detrás del Crasier que se acercaba y escuché cómo jadeban Dax, Amy y Seintran.
La escena sucedió demasiado rápido que no la pude captar claramente. Cuando sucedió esto el cuarto Crasier se quedó estático y observé que otros tres que estaban detrás de él habían lanzado un látigo cada uno; pareciera que estaba diseñado para atrancarse cuándo se tocaba en sí mismo.
Con un fuerte jalón fue necesario para sacarlos de aquel triángulo formado por los crasiers. Se aproximaron hacia ellos y les pusieron un pie en la cara y con ambas jalaban el látigo a manera de asfixiarlos, pero no lo hacían; lo repetían una y otra vez cómo si adiestraran a un animal salvaje.
-No me gusta repetir las órdenes, pero si así lo deciden, verán que con amabilidad los hacemos entrar en razón - sonrió.
Sin nadie que se interpusiera para el ritual, comenzaron.
La tomó por el cuello y repitió unas palabras las cuáles no llegué a comprender, sacó un cuchillo y le cortó la ropa de manera que su espalda estuviera descubierta.
Ahora el Crasier sacó una pequeña daga que era negra y le hizo un corte que iba en toda su columna. Kenya sólo cerró los ojos y apretó los dientes a manera de soportar el dolor y no producir ningún grito.
-Lo soportas muy bien para ser una niña.
Kenya no respondió, este acto le molestó al y de una de sus bolsas sacó una pequeña botella llena de un líquido verdoso.
Bebió un pequeño sorbo y el resto se lo echo en la herida recién hecha.
Al sentir cómo recorría el líquido en su piel Kenya empezó a gritar y a retorcerse de dolor. La escena era desgarradora y yo sólo sentía un gran deseo de venganza hacia ellos por lo que le estaban haciendo.
Kenya empezó a tener convulsiones y escupió sangre, se desmayó y después de unos minutos despertó.
Un quinto crasier se acercó y en un frasco metió la mano y sacó una serpiente, la cual se le enredó en el brazo y la acercó hacia el charco de sangre y tomó un poco. Se bajó del brazo del crasier y comenzó a atacarlo.
-Fetus strumben cleil -dijo el crasier y la serpiente regresó se le subió por el brazo hasta llegar al frasco y meterse.
-Parece que eres alguien que guarda un vínculo directo, además de un corazón muy puro, la ley es sencilla y se tiene que seguir, te has ganado el derecho de ver, sin embargo, ellos tres tienen que irse o esperar lejos de aquí.
Tu alma y tus ojos encierran secretos muy profundos niña, veremos si nos volvemos a cruzar en el camino.
Hermanos es tiempo de comenzar y veamos si podemos llevarnos algo valioso -dijo el Crasier encorbado.
Los otros tres crasiers sacaron a Dax, Amy y Seitran.
Todo estaba listo y los nueve crasiers me miraban fijamente, Kenya presenciaba todo desde un rincón.
Uno de ellos abrió un recipiente y de ellos salieron nueve serpientes. Todas se habían formado y veían al que parecía el líder.
-Trem mestus fosterlang -dijo mientras me señalaba.
Las serpientes se fueros hacia mí y se distribuyeron para rodearme.
-Treux -mencionó y las serpientes me mordienron.
Al ver esto Kenya se echó a llorar, parecía que le afectaba lo que me hacían, sin embargo, no sé por que, puesto que sólo hemos convivido muy poco.
Sentí el veneno cómo iba recorriendo todo mi cuerpo, volvía a tener esa sensación de que me mareaba, pero esta vez veía desde arriba mi cuerpo tendido en el piso.
-¿Esto muerto? -me pregunté a mí mismo.
Otro de ellos se acercó a mi cuerpo y me dio una pósima, puso su mano izquierda en mi frente y mencionó unas palabras muy extrañas, las nueve serpientes cayeron y pude ver que de su cuerpo salía una extraña luz blanca.
Se unieron todas las luces y formó la silueta de una serpiente de nueve cabezas, vi todo lo que sucedía sin saber que hacer.
Otro crasier encendió una antorcha y puso a calentar una pequeña vara puntiaguda. Cuándo estuvo al rojo vivo, en mi pecho marcó unos signos extraños; caí en ese momento y lo único que veía era el piso.
La serpiente de nueve cabezas se sitúo arriba de mí y sólo me observaba.
-Ya es tiempo -dijo el líder- tenemos que llevarlo con nosotros.
Otro crasier sacó un tridente y Kenya intentó intervenir, sin embargo, la fuerza y velocidad de ellos era sobrehumana y uno la tomó por la garganta. Amy intentó derribar la puerta junto con Dax y Seitran, pero fue inútil.
-¡Nooooooooo!, no lo hagan por favor -dijo Kenya llorando.
El crasier la aventó hacia dónde había caído mi alma y le dió un azote certero en dónde tenía la herida y dio un grito desgarrador.
No soportaba el verla sufrir así que enojé demasiado y sentí que de mi alma liberaba dos energías que no sé cómo explicarlas.
-Mátala, nos la llevaremos también -ordenó el del cabello largo.
En ese preciso momento esas energías se dispararon, una hacia mi cuerpo y la otra hacia el crasier que iba a quitarle la vida a Kenya.
La levantó y la amagó con un cuchillo y se quedó observando al líder y le aventó el cuchillo.
Aquella energía había tomado posesión del cuerpo del crasier y puso a kenya detrás de él. El líder sonrió y con un habilidad sorprendente atrapó el cuchillo.
-Vaya vaya vaya, así que después de todo no eres alguien común -dijo mientras analizaba el cuchillo- ¿acaso crees que para alguien normal íbamos a venir todos?.
¿Has olvidado cómo hace miles de años nos corrompiste y así nos convertimos en lo que somos ahora?, yo no.
Pero veo que tu otro lado fue encerrado contigo, y que también está presente, lo que no me queda claro, por que elegiste a este muchacho.
Mientras ellos discutían la otra energía tomo posesión de mi cuerpo e hizo incorporalo, al ver esto dos crasiers lanzaron un ataque con sus látigos, pero mi cuerpo los detuvo con ambas manos.
Esto hizo enfurecer al resto de los crasiers, así que otros dos lanzaron las dagas negras, pero fallaron.
Mi cuerpo se acercó hacia dónde estaba mi alma y la absorbió con la boca, poco a poco iba regresando a mi cuerpo, pero no tenía control nuevamente, me coloqué adelante de Kenya y al lado del crasier que la había defendido.
-Ustedes dos y nosotros tenemos que arreglar las cosas del pasado -dijo un crasier que había lanzado un cuchillo.
-Pero ahora no es el momento para arreglarlo -dije mientras los veía.
-Vamos, esto es una reunión de viejos amigos así que regrésanos a Hike para que nos vayamos.
-Lo haré porque a cada uno de ustedes los quiero matar con mis manos y no con las de Hike -dijo el crasier que estaba a mi lado y poco a poco se recuperó en sí.
Cuando Hike se juntó con los suyos, aquella energía que lo había controlado entró por mi nariz y sentí cómo se unía con la otra que había hablado.
-Ya es tiempo, tenemos que irnos ya nos veremos en otra ocasión -dijo Hike.
Los nueve crasiers salieron por la puerta uno por uno, sólo uno se quedó atrás y regresó a las serpientes a su contendedor.
Salió y alcanzó a los suyos.
Me volteé y miré a Kenya.
-Eres de un buen corazón Kenya, el tiempo te dará las respuestas que buscas en lo más profundo de tu ser, yo te cuidaré a ti y a Llewelyn.
-Desde aquel día que encontré a Llewelyn sentí algo especial en él, me conforta y me hace sentir segura y a la vez me miedo, pero a pesar de eso no me quiero alejar.
Entraron los demás atónitos y horrorizados después de contemplar lo que sucedió.
-Ustedes serán quienes escriban una nueva historia, y quizá sea el capítulo final.
Después de pronunciar estas palabras sentí cómo esas energías se iban adentrando en lo más profundo de mí, hasta el momento que dejé de sentirlas.
-¿Quién eres realmente Llewelyn? - me preguntó Kenya mientras su madre la abrazaba.
-No lo sé.
-Sea quien quiera que seas, me salvaste la vida, gracias.
-Realmente no sé si lo hice yo.
-Cómo agradecimiento compartirás un cuarto en nuestra casa, ¿estás de acuerdo madre? -le preguntó mientras me veía atentamente.
-No me agrada la idea, pero Kenya es lo más valioso para mí, no intentes hacerle nada a ella, porque si le haces algo, verás como te va.
-Mi intención no es causar daño, vengo de dónde me ha sido arrebatado todo y en mi corazón hay mucho dolor, usted tiene a Kenya yo en cambio, estoy solo en este mundo.
-Es tiempo de que nos vayamos de aquí, tienen que dormir un poco -dijo Seintran- yo cuidaré la aldea.
Dax y Seitran se fueron, nosotros tres caminamos hacia la casa de Amy, una vez que habíamos llegado Kenya y yo nos desvanecimos al mismo tiempo.
sábado, 27 de octubre de 2012
Un duelo muy injusto.
El guerrero se colocó en posición de batalla. No había lugar a dónde correr, estaba rodeado por la aldea y a mi espalda estaba la casa de Kenya.
Los aldeanos tomaron lo que estaba a su alcance: palas, redes, martillos etc.
La situación se tornó sombría para mí, no sabía qué hacer y el tiempo se me acababa, sin embargo, algo me lleno de valor; no sé que es, pero se sentía como dos fuegos en mi interior. Uno era cálida, pero el otro frío.
-¡Es tiempo de terminar con lo que vine a hacer! -dijo el guerrero- ya has creado muchos problemas, eres apenas un niño. Un niño el cuál no pude detectar tu presencia al entrar a la aldea.
-Si no me has podido detectar ¿cómo es que ellos cuentan que les han robado muchas veces los foráneos?.
-Simplemente quería demostrar que necesitaban estar unidos. Los dejé entrar porque vi que sus intenciones no eran destructivas, pero nadie ha sufrido más que de robos ¿lo entiendes?
-Si los has mantenido a salvo, ¿por qué no detectaste mi presencia?
-No lo sé, quizá simplemente eres alguien muy pequeño que no vale la pena detectar.
Al decir esas palabras el guerrero sentí que mi fuego frío se hacía más intenso, y por alguna extraña razón me sentía más fuerte y demasiado impulsivo.
-No me hagas reir -dije de manera soberbia- tal vez no eres un guerrero de élite.
-¡Tienes una lengua muy grande niño y esas palabras son las que te han acabado! -dijo con una mirada dura- es hora de terminar contigo.
El guerrero se arrodilló y de su bota sacó un pequeño cuchillo; era muy brilloso y se veía extremadamente filoso.
-No vale la pena que te maté con una estocada, no eres nada niño y ahora verás las consecuencias de tus palabras.
Sentí un dolor muy fuerte en la cabeza, casi era insoportable. Me llevé ambas manos a la cabeza y también me arrodillé porque el dolor era extremadamente doloroso.
Perdí el control de mi cuerpo, me quería mover pero no podía. Era cómo si yo sólo pudiera ver, era lo único que podía hacer simplemente ver.
Al percatarme que estaba paralizado y que el cuerpo no respondía, pensé que así terminaría mi vida.
Hizo su movimiento, me arrojó el cuchillo con una fuerza y exactitud abismal. Mi cuerpo se agachó totalmente, dejando mi espalda contra el suelo y vi al cuchillo pasar.
Esto está muy extraño, no me he movido y he podido esquivar el tiro.
La gente estaba sorprendida de cómo me había librado de ese ataque.
Me levanté y sacudí la tierra de mi ropa.
-¿Es lo mejor qué tienes?
-¡Chiquillo insolente!.
Tomó su espada y se echo a correr, al estar cerca de mí intentó derrumbarme embistiéndome con su escudo.
Libré su embestida saltando al lado derecho, atacó ahora con la espada.
No sabía que pasaba con mi cuerpo, era cómo si yo fuera un títere y alguien más me controlaba.
Así seguimos, él atacaba y yo esquivaba.
-Me aburres, pensé que en verdad podías hacerme daño - le dije observándolo a los ojos- no tengo porque preocuparme por ti, sin embargo, ya me estás colmando y si vuelves a realizar otro ataque no me dejas otra opción más que atacarte, y créeme tu sangre se derramará -saqué la lengua saboreándome.
-Hace mucho que no tengo un rival como tú, tomemos este duelo en serio.
Nuevamente el guerrero volvió a cargar intento cortarme por la mitad desde la cabeza, y con una velocidad que no sabía qué tenía le sujeté la muñeca bloqueando así su ataque.
Al ver que lo tenía sujetado, asestó un golpe con el escudo el cuál lo neutralicé con la pierna.
Comencé a ejercer mayor presión en su muñeca, acto seguido de qué se quejaba del dolor.
A lo igual también lo hice con la pierna y su escudo salió volando.
-No es justo, tú tienes el escudo y la espada - le dije mientras seguíamos forcejenado- así que este duelo se torné más parejo.
Lancé un puñetazo a su clavícula izquierda, fracturándola; el crujir se escuchó claramente.
Seitran lanzó un grito descomunal.
Los espectadores de la batalla estaba atónitos; un muchacho como yo ganando el duelo contra Sentran, quién los había protegido desde hace mucho tiempo.
Yo sólo podía contemplar las escena.
Presioné más fuerte la muñeca de Seintran haciendo que soltara la espada; lo agredí con una patada al estómago lanzándolo hacia atrás quedando totalmente desprotegido y con su espada a mis pies.
Levanté la espada de Seitran y lo vi a los ojos.
-Así qué este será el final tuyo y no mio.
-¿Quién eres?.
No dije nada y dejé que el silencio se apoderará del escenario.
Dos aldeanos corrieron hacia mí con armas en manos. Uno llevaba una lanza y el otro un martillo.
El primero atacó; puesto qué no era un guerrero su ataque no significó mucho y arremetí con un peñetazo en el estómago. El aldeano cayó de rodillas sin aire.
Posteriormente hice un giro que me colocó en la espalda del segundo agresor y lo golpeé en la espalda con el pomo de la espada.
No me había percatado de que Kenya estaba detrás mio justo dónde había quedado el cuchillo que Seintran había lanzado.
Me acerqué poco a poco hacia él con la espada en mi mano derecha.
-Mátame a mí, pero por favor, a ellos déjalos vivir y no les hagas ningún daño. Estos aldeanos los he protegido desde que mi padre murió, sin embargo, he fallado, no los he podido proteger. Ya que no les he podido cuidar espero qué con mi sacrificio los dejes vivir.
-¡Mátalo! -gritó alguien detrás mio- ¡te ha intetado matar, además es un duelo y en los duelos siempre sale uno nunca dos!.
-¿Por qué haría yo algo así? -le pregunté sin verlo- además él te ha protegido, solo hay una razón por la cuál quieres que lo haga, tú no eres de esta aldea o él es tu enemigo.
Al pronunciar estas palabras lanzó muy rápido el cuchillo que al inicio del duelo había lanzado Seintran.
La trayectoria de ese tiro era el cuello del guerrero; detuve el cuchillo haciendo que chocara contra la espada.
El sujetó tomó de rehén a Kenya y la amordazó con una daga.
-Tú eliges, es él o ella, ¿quién deseas qué viva?.
-No dejaré que ninguno de ellos muera, mi deber es protegerlo -me dijo Seintran- acepta el intercambio y déjame morir con mi honor.
Me agaché para tomar el cuchillo, lo coloqué en mi mano izquierda.
-No quiero ver correr sangre, con mi familia y aldea he tenido suficiente- dije mientras me incorporaba- no puedo decirte quién debe de vivir -coloqué la espada en el cuello de Seintrna- si tú quieres, puedes tomar la vida de Seintran, pero deseo qué a Kenya la dejes ir.
De pronto sentí cómo si esta situación ya la había vivido, y la parte del fuego frío y oscuro se apoderó de mí, cambiándome totalmente los sentimientos; rabia, ira y odio recorría todo mi cuerpo.
Seintran al verme a los ojos se aterró.
Me volteé y vi directamente a los ojos al sujeto que tenía Kenya.
Cuándo me vio a los ojos, empezó a tiritar de miedo. Tanto que tiró la daga y dejó ir libre a Kenya.
Entre más me acercaba a él, el sujeto retrocedía.
Llegué al lugar dónde había tirado la daga, me agaché, dejé en el piso la espada y la cambié por la daga. Me levanté y en una mano tenía la daga y en la otra el cuchillo.
-Así que has esperado qué Seintran revele su identidad y esperas darle muerte - le dije mirándolo fríamente a los ojos- para vencer a un guerrero como él se necesitan más de uno, así qué ordena a los demás que salgan.
-No eres un niño normal, tus movimientos -dijo con mucho miedo- se requiere el doble de tu edad para ejecutar tus movimientos.
-Me estás desesperando, ordena que aparezcan o esto se va a poner muy feo.
Aparecieron cinco sujetos más. Me reodearon; y me veían muy detenidamente. Eran grandes, de facciones alargadas y desagradables.
-Eres muy listo niño -dijo uno de ellos- te diste cuenta de qué estábamos aún cuándo peleabas.
Contra un openente eres habilidoso veamos cómo te va contra nosotros.
Ataque sorpresivamente lanzando ambas armas a mis openentes que estaban colocados a mis lados.
Las armas se impactaron en sus gargantas muriendo instantáneamente.
Con la punta del pie levanté la espada y ataqué al oponente de mi lado izquierdo, clavándole la espada de manera certera en el estómago.
Los otros dos me atacaron simultáneamente; bloquee sus ataques con la espada y a continuación arremetí contra ellos. Herí al más corpulento en la pierna cayendo de bruces.
El otro tipo hizo un grito al ver a sus aliados caídos.
-No por favor no me mates -me dijo- dejaremos esta aldea en paz y también a Seitran.
El guerrero caído se quejaba de la herida y puse fin a sus dolencias.
-Interesante oferta -dije mientras clavaba la espada en el pecho del que estaba tirado- tenía qué hacerlo, no me dejaba escuchar y el ruido me enfurece.
Intentó huir al ver cómo acabé con su amigo, y con la espada lo degollé.
Me volteé hacia dónde estaba quién había tomado por rehén a Kenya y le coloqué la punta de la espada en el cuello. Le sonreí y le di un cabezazo dejándolo inconsciente.
Caminé hacia Seitran, su espada aún estaba bañada en sangre.
Seintran se incorporó y se colocó en posición de batalla.
-Jajaja no me hagas reír no pudiste conmigo cuándo tenías ambos brazos bien, sin mencionar tu escudo y espada.
-Terminemos el duelo.
-No vine a derramar sangre nuevamente, no te metas en mi camino.
Regresé la espada a Seitran y caminé hacia la puerta de salida. Volví nuevamente a recuperar el control de mi cuerpo, pero esta vez me sentía muy cansado y agotado y apenas y podía hablar.
-Métanlo al cuarto dónde estaba -dijo Kenya sin contemplaciones.
-Es un peligro para nosotros, Seitran no pudo contra él ¿por qué quieres que regrese nuevamente a la alcoba de tu casa? -dijo un aldenao.
-No es malo, ¿acaso sus ojos no les permiten ver más allá de las apariencias?. Hicimos mal al juzgarlo sin siquiera conocerlo, y lo agredimos sin siquiera escucharlo.
Además me siento protegida a su lado, es raro, sin embargo, cuándo caminé a su lado sentí una oscuridad muy sombría, y una luz muy intensa al mismo tiempo.
ÉL me salvó la vida, ¿acaso han olvidado el lema de nuestra aldea?.
Si un extraño le salva la vida a uno de nosotros es parte de nuestra familia.
Se lo debo, y le pagaré lo qué él hizo hace unos momentos.
-Tú eres una heredera de línea y no dejaremos que corras riesgos -espetó un pescador- es muy peligroso para ti y para nosotros que se quedé en tu casa.
-No tengan miedo porque nada sucederá -dijo Kenya levantando una mano- les doy mi palabra.
La reacción de la aldea fue controversial, pero estaban de acuerdo con ella. Por lo que me regresaron de nuevo a la alcoba dónde estaba.
viernes, 12 de octubre de 2012
Dos antiguas caras conocidas.
No sé cuanto tiempo ha pasado. Fue lo primero que pensé al despertarme; veía borroso y sólo distinguí la silueta de Kenya. Estaba preparando té.
Al terminar de preparar el té Kenya salió de la casa, justo en ese momento entró Amy. No sabía que pasaría, aún no sé porque me tendieron la mano y de la misma manera me pregunté: ¿Por qué es que les temen tanto a los foráneos?
-Al fin despiertas, ¡ya es demasiado con ser pobre sino que también tenemos que cuidarte! -Dijo Amy muy enojada y con una mirada muy severa- ahí hay un poco de té, tómalo que te hará sentir bien.
-Muchas gracias -dije lo más amable que podía-, aún me duele mucho la pierna y no creo poder moverme, ¿podría servirme un poco, por favor?
- Jajaja - se rio Amy- ya te dije que ahí está, ¡así que sírvete!. Después de todos los apuros que nos has hecho pasar todavía quieres que te demos un trato especial.
-Sé que mi llegada sin anunciar ha causado mucho revuelto, sin embargo, también sé que estoy solo, pero por el momento no puedo caminar.
-Ahí está el té, si quieres sírvete - dijo Amy mientras se servía un poco- tengo cosas por hacer así que ya es tiempo de que salga.
Inténtalo -escuché algo en mi interior- aunque no lo sepas vales mucho y puedes levantarte siempre que tú lo quieras.
Me quedé perplejo, así que simplemente creí que lo había escuchado por el hambre y ser que tenía, además de que caminé demasiado.
Traté de incorporarme para caminar, pero fallé y me caí; sintiendo un dolor muy fuerte. No grité, traté de reprimir todo ese dolor que me castigaba.
Seguía tirado y entró Kenya.
-¡No intentes caminar!, es muy pronto para que lo hagas -dijo Kenya mientras me ayudaba a incorporarme- aún no sabemos la gravedad de tu lesión, así que por el momento tendrás que estar reposando si quieres recuperarte.
-¿Por qué has intentado caminar? -preguntó Kenya viéndome con ojos compasivos- no entiendo porque todos en la aldea te temen, es cierto que a los personas anteriores que les dimos alojamiento resultaron ser bandidos, pero tú eres diferente.
-¿Y por qué crees tú que soy diferente a los anteriores?, ¿por qué es que estás tan segura?.
-Me lo dice mi corazón -respondió-.
Me sirvió un poco de té y me lo llevó hasta donde estaba descansando.
Sólo le dije: gracias.
-No juzgues mal a Amy, ella es así ya que siempre que venía algún foráneo siempre lo lo alojaba sin importar nada. Ella era muy confiada y muy cálida hasta que un día...
-¿Qué le sucedió después? -pregunté muy intrigado-.
-No, no te lo puedo decir además eso sucedió hace mucho.
-Tengo que ir a la montaña por algunas hierbas medicinales que la aldea necesita -dijo Kenya- así que nos vemos en la noche.
Al salir Kenya, sólo sonreí ya que en esa aldea había una persona que su corazón estaba lleno de cosas bonitas. Después entristecí ya que la manera en la que me miró Kenya me recordó a mi madre, cuando yo enfermaba ella siempre me cuidaba, ya fuera a mí o a mi hermano.
Toda estaba en calma, pasaron algunos minutos y yo aún no había bebido el té que me Kenya me dio.
Entró Dax con quién me había propinado el golpe que hizo que mi pierna se quebrará.
Dax sólo me miró y siguió de frente buscando algo, el otro se acercó hacia mí y riendo de manera sarcástica me preguntó:
-¿Aún te duele la pierna imbécil? -dijo mientras me lanzaba un manotazo hacia la taza de té-.
Su golpe fue certero e hizo que la taza se rompiera, en ese momento sentí que perdía el control y estaba tan enojado que tenía la sensación de sueño, pero nunca cerré los ojos.
Cuando desperté tenía de la muñeca al hombre que me agredió dando unos gritos de dolor y a Dax lo tenía sujetado por el cuello con la otra mano.
Al tomar conciencia de mí los solté inmediatamente sin saber que había sucedido.
En la puerta había un tercer hombre que en su rostro se mostraba un pavor indescriptible, supongo que entró cuando escuchó todo lo que sucedía.
Salieron corriendo los tres.
¿Qué fue lo que sucedió? - me cuestioné- no lo recuerdo, me siento muy cansado y no he hecho nada.
Me levanté y fui hacia la taza.
¡Algo no está bien! - pensé- puedo caminar y sólo llevo un día, no es posible, no puedo sanar tan rápido, no con la herida que tenía.
Decidí salir a la aldea, al salir todos estaban trabajando hasta que un granjero me vio.
-¡Un brujo! -gritó lo más fuerte que pudo- ¡mírenlo camina como si nada!, hay que deshacernos de él.
-¡No, no soy ningún brujo! -dije con miedo- no sé aún lo que pasó, pero estoy desconcertado.
No sabía cómo iba a reaccionar la aldea.
Toda la aldea estaba enardecida, gritaban y me rodeaban, estaban a punto de lincharme.
-¡Abran paso! -ordenó enérgicamente- no están a su altura, si alguien debe deshacerse de él soy yo.
Los aldeanos dejaron pasar a aquel hombre, era un hombre alto, corpulento y tenía puesta una coraza, en su mano derecha traía una espada, en la izquierda traía un escudo redondo.
-Así que le destrozaste la muñeca a Trazer y neutralizaste a Dax. Veamos qué tan bueno eres peleando contra mí.
Conforme se acercaba aquel guerrero la gente murmuraba demasiado. Lo único que pude escuchar es que se trataba de Seitran y que era quién defendía a la aldea y la había mantenido a salvo.
Hay algo que no está bien, no es una aldea cualquiera, es muy misteriosa y si Seitran los cuida cómo es que me dejó entrar, ¿acaso no murmuran los aldeanos que es como una leyenda o mito?
Comencé a pensar y sacar mis propias conclusiones, el ejército temible tiene un dominio muy amplio, y lo más probable que para haber llegado a destruir mi aldea el único camino es de dónde ahora me encuentro hacia mi aldea. ¿Acaso será que este guerrero los mantuvo a salvo?, ¿él lo hizo solo?, ahora estoy más confundido.
Seitran me miró a los ojos.
-Interesante -dijo mientras desenvainaba su espada- en tus ojos se reflejan dos caminos muy largos, tal parecen que no tienen fin. Ambos son diferentes, uno es de un bosque muy verde y frondoso, sin embargo, el otro es un bosque oscuro en dónde las hojas se han secado.
No puedo ver más allá, y no puedo ver a esas dos personas que vi que estaban a tu lado cuando le destrozaste la muñeca a Senx y que la otra sujetó del cuello a Dax.
-Yo no recuerdo haber hecho tal cosa. Sólo me quedé dormido y al despertar...
-No hables más -dijo Seintran- me encargaré de ti ahora mismo.
-No sé pelear, no quiero pelear contra ti, sólo lo quiero hacer para defender a los que quiero y mí -dije temeroso-, pero si quieres pelear contra mí, te concederé ese último placer -dije mientras una sonrisa tétrica se dibujaba en mi cara- comencemos.
En ese momento un duelo estaba a punto de comenzar...
jueves, 12 de abril de 2012
Un rayo de luz de nombre Kenya
Era tiempo de partir y seguir adelante. Mi cuerpo estaba demasiado cansado y deshidratado para seguir adelante, pero mis sueños y mis deseos me impulsaban a hacerlo.
Fue una noche extraña, aún no entiendo como es que sigo adelante. Estando en éste lugar en el cual no hay nada ni nadie, quizás la aldea más cerca se encuentre pasando esta colosal montaña.
¿Tengo las fuerzas necesarias para seguir?, mi cuerpo no responde como antes, probablemente estoy muriendo poco a poco.
No desistiré, ¡tengo que seguir!.
No puedo regresar ya que atrás se encuentra el ejército temible y su general simplemente no soporto su mirada y su presencia, si tomo la subo la montaña posiblemente no sobreviva. No tengo nada para comer, solo al rio que me proporcionará agua.
¿Rodear o escalar la montaña? era la pregunta que debería de resolver para continuar hacia mi camino, ¿cuál camino?, no tengo ningún camino el cual seguir.
No era tiempo de meditar hacia donde me dirigía, tenía que tomar una decisón ya que el ejército me alcanzaría pronto.
¡Decide! me grutaba a mí mismo, lo cierto es que no tengo mucha esperanza por ambos caminos. Estaba decidido, sí quería vivir tenía que ir sobre la montaña ya que el ejército la rodearía.
Me incorporé, volteé hacia atrás, recordé mi aldea, los buenos momentos que viví junto con mis seres queridos.
Al recordar esto a mi mento llegó el imagen de aquella dama que amé en silencio, yo era demaisado cobarde para declararle mi amor.
Si muero en esta montaña estoy seguro de que me reuniré con mis seres amados. Esbosé una sonrisa y sin miedo comenzé a subir la montaña.
Aquel día era un día soleado sin ninguna nube, pensé: El clima invita a vivir, pero si no hay una razón por la cual hacerlo para que seguir viviendo.
Mis sueños se han roto junto con mi corazón.
Mientras subía la montaña noté que unas partes tenían un verde pasto y otras simplemente puras piedras.
Seguí subiendo hasta donde mis fuerzas me lo permitieron, había un árbol, era robusto y daba buena sombra. Ya que el cansacio era insoportable decidí descansar en ése árbol.
A lo lejos vi a un conejo el cual venía brincando y corriendo, se iba acercando hacia el árblo en cual estaba, y a cinco metros cayó.
¿Será mi día de suerte?, no he comido nada y el conejo ha caído. Lo tomaré y me lo comeré.
Creo que no sabrá igual a como la hacían en mi aldea, quizá esto sea signo de que soy el último que vive de aquella aldea.
Me levanté del árbol y entusiasta me acerqué al conejo, lo agarré y dije: comeré un exquisito conejo, la especialidad de mi aldean.
Justo cuando regresaba hacia el árbol esuché un cascabel.
Giré lentamente para ver de donde provenía el sonido. Al ver el lugar donde lo escuché un frío corrío por mi espalda, estaba justo a mí la razón de porque el conejo murió, era una víbora de cascabel.
No podré comerme al conejo ya que su veneno corre por su cuerpo, pero ¿qué hago ahora?, aquella serpiente estaba enrroscada en sí misma lista para lanzar su ataque. No puedo correr; esperaré a que ataque para lanzar un contraataque. Era una idea demasiado descabellada, pero si corría ella me alcanzaría con singular facilidad y el final sería el mismo.
Sí esto ha de tener un trágico final para mí, moriré como un guerrero que siempre he querido ser, moriré en batalla y peleando.
Pasaban los segundos y la serpiente era demasiado paciente, esperaba a que hiciera un movimiento en falso para que realizará su movimiento, yo esperaba lo mismo no puedo ganarle es muy rápido y tiene un mayor alcancé que el mío. Pero ¿cómo la iba a atacar o defenderme? lo único que tengo en la mano es un conejo.
La serpiente sólo se tiene a sí misma y con eso le es suficiente, pensé lo mismo me tengo a mí mismo ¿cómo terminaría esto?. Su audacia, su velocidad, su letalidad, su paciencia está dentro de su naturaleza.
Yo no soy rápido y mucho menos después de que no me encuentro en mi mejor condición, estoy débil, hambriento, sediento además de cansado ya que la montaña estaba demasiado inclinada.
Pasé al conejo a mi mano izquierda, estaba decidido tengo que mover primero en este juego donde si gano seguiré vivo, no puedo perder.
Le arrojé el conejo de arriba hacia abajo con la mano izquiera a la serpiente, cayó a su lado por lo cual ella atacó, cuando arrojé al conejo eso me había permitida ladearme por lo cual pude atrapar por la cabeza a aquella serpiente de cascabel.
Ella se coleaba violentamente, puesto que se imaginaba que estaba a mi merced y que podía hacer con ella lo que me placiera.
Te puedo aniquilar lenta y dolorosamente le decía viéndola hacia los ojos. Sin embargo no lo haré, tú matas para sobrevivir, no eres como los del ejército que me topé el día de ayer, además no te puedo comer ya que tu veneno me causaría la muerte, así que te dejaré en libertad ya que me has mostrado que la paciencia es un factor que te ayuda a que las cosas te salgan como quieres que te salgan.
Te dejaré libre, pero no aún porque debo de ver donde no vaya a ser que te suelto aquí y nos volvemos a enfrentar y tú ganes.
Caminé y caminé con la serpiente tomada por la cabeza, mi cansancio era incontenible. Durante mi camino veía todo tipo de animales, venador, pumas, coyotes y lobos, los veía de lejos y era demasiado cauteloso.
Mi caminata era larga y en en medio del camino había un hoyo, era la madriguera de la serpiente que traía en la mano, así que la depositaré ahí y me iré lo más rápido que pueda.
Así fue, así lo hice y corrí tan rápido como pude para que ella o alguna de las de su manada me alcanzaran, al parecer el sol hacía que las serpientes no salieran y se atajaran del mismo.
Sin darme cuenta había llegado a la cima de la montaña, veía una aldea al otro lado, voy a la mitad del camino, tengo que seguir me falta poco.
Pasaron las horas y yo seguía caminando, había llegado a las faldas de aquella aldea, al estar a punto de entrar caí de cansancio.
No sé cuanto tiempo pasó y una bella joven me tomó del brazo y me dio la vuelta, quedé boca arriba, lo que veía era su bella cara y el sol a su lado, como si su cara iluminará con la intensidad del sol.
Ella amablemente me preguntó:
-¿Has caminado demasiado y estás muy cansado verdad?.
No pude responder estaba sorprendido de su belleza, sus ojos azules eran tan intensos y tan profundos como el mismo mar, su nariz era pequeña, sus labios grandes y rosados, y su cabello tan castaño como el brillo del cobre.
-Sí -respondí nerviosamente-, me gustaría un poco de agua.
-Vamos a mi casa- respondió mientras me ayudaba a levntarme- allá te daremos agua.
-Muchas gracias espero que no sea na molestia.
-Claro que no, además que no nos vendría mal visitas. Sólo vivo con mi madre.
Empezamos a caminar rumbo a su aldea. No deciamos nada ni conversábamos, ambos mirábamos el camino.
Un camino lleno de tierra, el silencio era imponente, pensé en romper el hielo pregúntandole cuál es su nombre, el por qué me estaba ayudando.
Llegamos a la entrada de la aldea, estaba custodida por dos hombres corpulentos.
-Bienvenida a casa Keyna -dijo un guardian mirándome fijamente-, ¿quién es tu amigo?.
-Estaba tirada a faldas de nuestra casa (refiriéndose a su aldea), pero no sé como se llama.
Yo iba ingresando detrás de Keyna y justo cuando iba a pasar ambos guardia cruzaron sus armas prohibiéndome el paso.-¿Cuál es tu nombre joven? -me preguntó mientras desenfundaba su arma-. ¿Tienes un nombre?
-Mi nombre es Llewelyn -le dije sin temor alguno- mi aldea fue destrozada y fuí el único en huír y salir con vida.
-¿Llewelyn?, vaya "como un león".
-Jajaja, no te ves como un león -burlándose sarcásticamente- puedes pasar. Si quisieras hacerle algo a Keyna ya lo hubieras hecho.
-Te vigilaremos muy de cerca -replicó el otro guardia- . Cuídate mucho Keyna y saluda a tu madre de mi parte.
Después del pequeño incidente con los guardias, seguimos nuestro camino.
Los aldeanos eran herreros, pescadores y cultivadores. Sus ropas eran humildes, además de que su disciplina era muy fuerte.
-Así somos los de kendrack, personas muy humildes y trabajadoras - decía Kenya mientras señalaba hacia una casa-, allá vive una señora muy trabajadora y muy amorosa.
-¿Y es allá hacia dónde nos dirigimos?
-Sí, es hacia allá.
Llegamos a la casa, Kenya tocó la puerta de madera. Del otro lado se escuchó una voz de una mujer la cual dijo:
-¿Eres tú mi querida niña?
-Sí madre soy yo, he vuelto y además he traído la flor que me pediste del monte taros.
La madre de Kenya abrió enseguida y me miró de una manera despectiva, de manera tajante me dijo:
-¡Largo de aquí!, no eres bienvenido, vete antes de que llame a los guardias.
La señora tomó a su hija y la metió a la casa cerrando de manera violenta la puerta de madera.
Algunos herreros y carpinteros se acercaron a mí, el más corpulento, con martillo en la mano se dirigió a mí y me dijo:
-Deja en paz a la señora Amy y a su hija si es que quieres que tu cara no sea modificada a golpes.
-No he hecho nada malo -expliqué con temor-, vengo cansado, he perdido todo, sólo me tengo a mí.
-¿cómo sabemos que no mientes?, ¿cómo sabemos que no eres otro ladrón que viene y se lleva todo lo que puede?.
-Mírenme ¿acaso tengo pinta de ladrón?.
-Muchos se han disfrazado y han contado la misma historia que tú, les hemos dado asilo y en la noche nos roban nuestras pertenecias.
-Yo digo que hay que molerlo a golpes y su cuerpo ponerlo a la entrada de la aldea -lanzó esas palabras ferozmente mientras se preparaba para pelear- así sabrán los ladrones lo que les espera.
Eran demasiados y no podría con ellos, no podré con ellos ni aunque estuviera en mi mejor forma. Era imposible huír me habían rodeado.
Uno de ellos lanzó el primer golpe con un mazo el cual se impactó en mi rodilla fracturándola al instante.
-¡Aaaaaaaaaaa! -grité desgarradoramente-, basta yo no soy ningún ladrón, ¿acaso mis ojos son los ojos de un ladrón?.
-Yo te creo -dijo Kenya al unísono- él no es ningún ladrón, lo hallé al final del monte taros y decidí traerlo para que esta noche pudiera vivir.
-Si mi hija confía en él, yo confío en mi hija.
Dax, ayúdame a meterlo a la casa -ordenó Amy-, tedremos que curarle la fractura y su piel se vé muy mal, al parecer ha pasado más de un día bajo éste sol tan caluroso.
Lo último que recuerdo fue que Dax me me cargaba para ingresarme a la casa de Amy, una vez dentro me colocó en una mesa cuadrada de madera, el dolor y mal estado hicieron que perdiera la conciencia.
viernes, 14 de agosto de 2009
Siguiendo un camino sin rumbo.
Amaneció, el primer rayo del sol me dio justo en la cara, por lo cual me desperté. Los lobos ya estaban de pie, pareciera que los lobos ya estaban listos para seguir su camino.El lobo más pequeño se me acercó y me lamió la mano, eso gesto indicaba que era tiempo de que ellos partieran y así fue, los lobos se fueron. Pensé que su camino ya estaba trazado, por el contrario el mío no, tampoco me podía quedar en aquella cueva, la cual no era agradable para vivir, al menos me ofrecía algo en que refugiarme por las noches.
De pronto escuche las pizadas de un caballo que se acercaba trotando, eso no era bueno ya que me encontraba muy lejos de cualquier aldea, con demasiada cautela espíe quien era. Vi un caballo negro con coraza de guerra, quien cabalgaba al caballo era un centinela del ejército temible. La figura del centinela imponía respeto y miedo, era un guerreo de dos metros, que portaba un casco de guerra, era un guerrero musculoso de piel blanca, su mirada reflejaba demasiada maldad, inspiraba miedo, tenía unos ojos negros los cuales parecieran que no tuvieran fondo. Cuando lo veía a los ojos sentía una sensación muy rara, la cual pareciera que su mirada cortara mi vida, me faltaba el aire cuando lo veía a los ojos, era algo inexplicable, pareciera que con esos ojos negreo llenos de irá pudiera ver a trabes de mi.
El guerrero observó todo lo que le rodeaba, el centinela soltó un gritó desgarrador, el cual hasta tensó el aire, el grito me paralizó de miedo y como pude trate de esconderme en lo más profundo de la pequeña cueva.
El guerrero dijo:
- Este es un buen lugar estratégico, acá descansaremos y a la mañana siguiente tomaremos la aldea más cercana.
El caballo dio la vuelta y regresó por donde llegó.
No podía quedarme ahí, era demasiado peligroso, decidí partir, tomé un poco agua del río donde habían caído los lobos, no podía llevarme agua ya que no tenía en que almacenarla. Caminé siguiendo cuesta abajo del río, ya que era la única salida que tenía.
Así caminé todo el día hasta que llegará la noche, dormí a lado del río, por un momento pensé que el río no tenía fin. Pasó la noche era hora de ir hacia adelante, bebí nuevamente del mismo río, no tenía nada para comer, sólo me quedaba el agua que el río me brindaba.
Era hora de descansar la noche iba a llegar pronto y ya no podía dar un paso más, por lo cual necesitaba dormir hasta que el sol volviera a salir. El amanecer se hizo presente, retomé el sendero por el cual andaba y en una hora llegaba al fin del río. Era demasiado mi esfuerzo que había realizado, ya no podía caminar más, el sol quemaba como nunca lo había sentido, pensé que hasta aquí era el fin de camino ya que no había comida desde hace tres días.
Caí boca abajo porque ya no tenía energías para seguir, pensé que en ese mismo lugar había llegado la hora de mi muerte, la muerte no me asustaba ya que si moría me podría reunir con mi hermano, mi familia y los integrantes de mi querida aldea.
El río provocó una ola que llegó hacia donde estaba tirado, la ola me cubrió por completo, empecé a sentir que algo brincaba sobre mi espalda, era increíble lo que eran, eran dos grandes pescados, dejé que los pescados se asfixiaran para después comerlos.
Comí los manjares, bebí las últimas gotas que podía beber de aquel río y al río le dije:
-Gracias por todo querido río -dije mientras me incorporaba-.
me despedí del río y proseguí mi camino.
He vuelto a caminar otro día entero, ahora frente a mi, hay una montaña colosal, que por su tamaño el rodearla me tomaría aproximadamente una semana, era más sencillo y a la vez más arriesgado escalarla.
Nuevamente la noche me había alcanzado, era hora de dormir, ya que ahora lo que tenía que superar era una montaña gigantesca. Antes de dormir me pregunté:
¿Cuál es mi camino?, si este es mi camino ¿hacia dónde voy?. Después de preguntarme eso, caí rendido de cansancio.
viernes, 7 de agosto de 2009
El comienzo.
Empezaba a llover y me quedé solo. Pensé en unas hora cera la noche, es momento de encontrar un refugio que me cubra de esta lluvia. Proseguí por la vereda más cercana la cual me llevó a una pequeña cueva, a la cual era pequeña y solo un pequeño rayo de luz que la luna me brindaba, era lo único que iluminaba la entrada. Decidí acampar ahí.A lo lejos había una jauría de lobos los cuales aullaban a la luna. Los observé por un tiempo.
Con la lluvia y los lobos cerca de un río cuya corriente era demasiado fuerte, un lobo resvaló. Los otros lobos al ver lo que pasaba con uno de sus camaradas, sin pensarlo decidieron ayudarlo, no les interesaba si su vida la ponían en riesgo dos de ellos se aventaron al río para traerlo a la orilla. Mientras los 4 más pequeños de la jauría buscaban como ayudar a sus hermanos, empezaron a correr hacia el mismo sentido que la corriente arrastraba a sus tres integrantes de equipo.
Más adelante había un árbol pequeño, pero de buena madera, los pequeños trataron de tirarlo, se impulsaban y aventaban sus cuerpos para derribarlo, no tuvieron éxito. Después de su intento fallido, un trueno se hizo presente cayendo justo en las raíces del árbol, al impactarse el trueno en las raíces del árbol, éste cayó en el río, de una orilla a otra.
Los tres lobos que se encontraban en el río, luchaban ferozmente para salvar sus propias vidas, la corriente los jalaba demasiado rápido, así que cuando llegaron al árbol, recibieron un fuerte golpe en el estómago, sin importancia ellos se sujetaron con las últimas fuerzas que les quedaban. Los cachorros al ver esto, cada uno de ellos mordieron una de las raíces del árbol y tratando de jalar el árbol a tierra firme, su esfuerzo era inútil. Algo dentro de mi me impulsó a ayudar a la jauría de lobos, dentro de mi una voz interna me dijo:
-No cometas el mismo error dos veces.
Me apresuré para auxiliar a la jauría, los cachorros me vieron y como si supieran que los iba a ayudar se abrieron haciéndome un pequeño espacio, para que tiráramos juntos del árbol, simplemente no podíamos mover el árbol, uno de los tres lobos que estaban luchando por su vida, parecía que era vencido. Los cachorros se percataron de eso y fue increíble lo que pasó, los cachorros sacaron una fuerza sobrehumana la cual permitió que ellos cuatro trajeran el árbol a la orilla, al ver esto simplemente tomaba a cada lobo y lo ayudaba a ponerlo en tierra.
Al poner al último lobo a salvo, la tormenta se desvanecía.
Como agradecimiento no sé si así fue, el equipo de lobos permanecieron conmigo hasta que saliera el sol, después de presenciar eso, derramé unas lágrimas ya que me recordaban porque en este momento me encontraba en este sitio.
Mi historia es parecida a la que los lobos habían vivido, ya que yo me encontraba en este lugar gracias del amor de mi hermano. Provengo de una aldea donde todos eran pescadores y campesinos, éramos una aldea humilde, todos nos cuidábamos unos a los otros, como una gran familia. Un día lluvioso de noche, llegó corriendo un guardia y nos habló de que la aldea estaba en peligro, ya que un general del ejército temible había amenazado que mañana todos seríamos sus prisioneros , para mantener a su ejército bien alimentados.
El ejército temible, era tan solo una leyenda, eso pensábamos todos. La leyenda era contada de generación en generación, el ejército temible, estaba conformados con soldados desalmados que no les importaba matar para obtener lo que querían, eran seres que toruraban por diversión.
Esa misma noche se realizó una junta de emergencia, era visible que no íbamos a ganarles ya que no somos guerreros, pero tampoco permitiríamos que nos tomaran para utilizarnos y darnos tratos humillantes, así que a primera hora de la mañana todos los hombres pelearían para proteger a sus familias humilde y la aldea que con cariño los había acogido.
El plan ideado fue que mujeres y niños escaparan esa noche, yo deseaba pelear, mi hermano mayor no lo permitió y me exigió que me fuera y me dijo:
-Corre, sálvate, yo voy a estar bien. Tú tan sólo eres un niño de 15 años, huye pronto y recuerda que siempre voy a estar contigo.
Con lágrimas en los ojos me retiré de mi aldea. Dos días después regresé a mi aldea, todo había sido destruido, no había nadie.
Triste decidí irme lejos ya que lo que fue mi hogar ahora no era nada, todo estaba devastado.
Al recordar esto unas lágrimas rodaron por mis mejillas, un lobo pequeño se recargó a mi lado y lamió mi cara, ese gesto me hizo sonreír, ya que era como si no estuviera solo.
Recordé lo que el viejo me había dicho que necesitaba un motivo para luchar, por fin lo encontré es la venganza. Me haré un guerrero y lucharé contra el ejército temible. El jefe de los lobo me miró a los ojos, como si me quisiera decir algo, volví a escuchar la misma voz que anteriormente me había hablado y me dijo:
-La venganza sólo te va a segar, el vengarte no se llevará tu dolor, ¿ tu hermano hubiese deseado que hiceras eso?, el dió su vida por ti, ¿esa es la forma de agradecerle?.
Al escuchar eso me quedé pasmado, por un momento pensé que era mi hermano. Ya eran altas horas de la noche así que decidí dormir un poco ya que me esperaba un día largo.
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