No sé cuanto tiempo ha pasado. Fue lo primero que pensé al despertarme; veía borroso y sólo distinguí la silueta de Kenya. Estaba preparando té.
Al terminar de preparar el té Kenya salió de la casa, justo en ese momento entró Amy. No sabía que pasaría, aún no sé porque me tendieron la mano y de la misma manera me pregunté: ¿Por qué es que les temen tanto a los foráneos?
-Al fin despiertas, ¡ya es demasiado con ser pobre sino que también tenemos que cuidarte! -Dijo Amy muy enojada y con una mirada muy severa- ahí hay un poco de té, tómalo que te hará sentir bien.
-Muchas gracias -dije lo más amable que podía-, aún me duele mucho la pierna y no creo poder moverme, ¿podría servirme un poco, por favor?
- Jajaja - se rio Amy- ya te dije que ahí está, ¡así que sírvete!. Después de todos los apuros que nos has hecho pasar todavía quieres que te demos un trato especial.
-Sé que mi llegada sin anunciar ha causado mucho revuelto, sin embargo, también sé que estoy solo, pero por el momento no puedo caminar.
-Ahí está el té, si quieres sírvete - dijo Amy mientras se servía un poco- tengo cosas por hacer así que ya es tiempo de que salga.
Inténtalo -escuché algo en mi interior- aunque no lo sepas vales mucho y puedes levantarte siempre que tú lo quieras.
Me quedé perplejo, así que simplemente creí que lo había escuchado por el hambre y ser que tenía, además de que caminé demasiado.
Traté de incorporarme para caminar, pero fallé y me caí; sintiendo un dolor muy fuerte. No grité, traté de reprimir todo ese dolor que me castigaba.
Seguía tirado y entró Kenya.
-¡No intentes caminar!, es muy pronto para que lo hagas -dijo Kenya mientras me ayudaba a incorporarme- aún no sabemos la gravedad de tu lesión, así que por el momento tendrás que estar reposando si quieres recuperarte.
-¿Por qué has intentado caminar? -preguntó Kenya viéndome con ojos compasivos- no entiendo porque todos en la aldea te temen, es cierto que a los personas anteriores que les dimos alojamiento resultaron ser bandidos, pero tú eres diferente.
-¿Y por qué crees tú que soy diferente a los anteriores?, ¿por qué es que estás tan segura?.
-Me lo dice mi corazón -respondió-.
Me sirvió un poco de té y me lo llevó hasta donde estaba descansando.
Sólo le dije: gracias.
-No juzgues mal a Amy, ella es así ya que siempre que venía algún foráneo siempre lo lo alojaba sin importar nada. Ella era muy confiada y muy cálida hasta que un día...
-¿Qué le sucedió después? -pregunté muy intrigado-.
-No, no te lo puedo decir además eso sucedió hace mucho.
-Tengo que ir a la montaña por algunas hierbas medicinales que la aldea necesita -dijo Kenya- así que nos vemos en la noche.
Al salir Kenya, sólo sonreí ya que en esa aldea había una persona que su corazón estaba lleno de cosas bonitas. Después entristecí ya que la manera en la que me miró Kenya me recordó a mi madre, cuando yo enfermaba ella siempre me cuidaba, ya fuera a mí o a mi hermano.
Toda estaba en calma, pasaron algunos minutos y yo aún no había bebido el té que me Kenya me dio.
Entró Dax con quién me había propinado el golpe que hizo que mi pierna se quebrará.
Dax sólo me miró y siguió de frente buscando algo, el otro se acercó hacia mí y riendo de manera sarcástica me preguntó:
-¿Aún te duele la pierna imbécil? -dijo mientras me lanzaba un manotazo hacia la taza de té-.
Su golpe fue certero e hizo que la taza se rompiera, en ese momento sentí que perdía el control y estaba tan enojado que tenía la sensación de sueño, pero nunca cerré los ojos.
Cuando desperté tenía de la muñeca al hombre que me agredió dando unos gritos de dolor y a Dax lo tenía sujetado por el cuello con la otra mano.
Al tomar conciencia de mí los solté inmediatamente sin saber que había sucedido.
En la puerta había un tercer hombre que en su rostro se mostraba un pavor indescriptible, supongo que entró cuando escuchó todo lo que sucedía.
Salieron corriendo los tres.
¿Qué fue lo que sucedió? - me cuestioné- no lo recuerdo, me siento muy cansado y no he hecho nada.
Me levanté y fui hacia la taza.
¡Algo no está bien! - pensé- puedo caminar y sólo llevo un día, no es posible, no puedo sanar tan rápido, no con la herida que tenía.
Decidí salir a la aldea, al salir todos estaban trabajando hasta que un granjero me vio.
-¡Un brujo! -gritó lo más fuerte que pudo- ¡mírenlo camina como si nada!, hay que deshacernos de él.
-¡No, no soy ningún brujo! -dije con miedo- no sé aún lo que pasó, pero estoy desconcertado.
No sabía cómo iba a reaccionar la aldea.
Toda la aldea estaba enardecida, gritaban y me rodeaban, estaban a punto de lincharme.
-¡Abran paso! -ordenó enérgicamente- no están a su altura, si alguien debe deshacerse de él soy yo.
Los aldeanos dejaron pasar a aquel hombre, era un hombre alto, corpulento y tenía puesta una coraza, en su mano derecha traía una espada, en la izquierda traía un escudo redondo.
-Así que le destrozaste la muñeca a Trazer y neutralizaste a Dax. Veamos qué tan bueno eres peleando contra mí.
Conforme se acercaba aquel guerrero la gente murmuraba demasiado. Lo único que pude escuchar es que se trataba de Seitran y que era quién defendía a la aldea y la había mantenido a salvo.
Hay algo que no está bien, no es una aldea cualquiera, es muy misteriosa y si Seitran los cuida cómo es que me dejó entrar, ¿acaso no murmuran los aldeanos que es como una leyenda o mito?
Comencé a pensar y sacar mis propias conclusiones, el ejército temible tiene un dominio muy amplio, y lo más probable que para haber llegado a destruir mi aldea el único camino es de dónde ahora me encuentro hacia mi aldea. ¿Acaso será que este guerrero los mantuvo a salvo?, ¿él lo hizo solo?, ahora estoy más confundido.
Seitran me miró a los ojos.
-Interesante -dijo mientras desenvainaba su espada- en tus ojos se reflejan dos caminos muy largos, tal parecen que no tienen fin. Ambos son diferentes, uno es de un bosque muy verde y frondoso, sin embargo, el otro es un bosque oscuro en dónde las hojas se han secado.
No puedo ver más allá, y no puedo ver a esas dos personas que vi que estaban a tu lado cuando le destrozaste la muñeca a Senx y que la otra sujetó del cuello a Dax.
-Yo no recuerdo haber hecho tal cosa. Sólo me quedé dormido y al despertar...
-No hables más -dijo Seintran- me encargaré de ti ahora mismo.
-No sé pelear, no quiero pelear contra ti, sólo lo quiero hacer para defender a los que quiero y mí -dije temeroso-, pero si quieres pelear contra mí, te concederé ese último placer -dije mientras una sonrisa tétrica se dibujaba en mi cara- comencemos.
En ese momento un duelo estaba a punto de comenzar...
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