Era tiempo de partir y seguir adelante. Mi cuerpo estaba demasiado cansado y deshidratado para seguir adelante, pero mis sueños y mis deseos me impulsaban a hacerlo.
Fue una noche extraña, aún no entiendo como es que sigo adelante. Estando en éste lugar en el cual no hay nada ni nadie, quizás la aldea más cerca se encuentre pasando esta colosal montaña.
¿Tengo las fuerzas necesarias para seguir?, mi cuerpo no responde como antes, probablemente estoy muriendo poco a poco.
No desistiré, ¡tengo que seguir!.
No puedo regresar ya que atrás se encuentra el ejército temible y su general simplemente no soporto su mirada y su presencia, si tomo la subo la montaña posiblemente no sobreviva. No tengo nada para comer, solo al rio que me proporcionará agua.
¿Rodear o escalar la montaña? era la pregunta que debería de resolver para continuar hacia mi camino, ¿cuál camino?, no tengo ningún camino el cual seguir.
No era tiempo de meditar hacia donde me dirigía, tenía que tomar una decisón ya que el ejército me alcanzaría pronto.
¡Decide! me grutaba a mí mismo, lo cierto es que no tengo mucha esperanza por ambos caminos. Estaba decidido, sí quería vivir tenía que ir sobre la montaña ya que el ejército la rodearía.
Me incorporé, volteé hacia atrás, recordé mi aldea, los buenos momentos que viví junto con mis seres queridos.
Al recordar esto a mi mento llegó el imagen de aquella dama que amé en silencio, yo era demaisado cobarde para declararle mi amor.
Si muero en esta montaña estoy seguro de que me reuniré con mis seres amados. Esbosé una sonrisa y sin miedo comenzé a subir la montaña.
Aquel día era un día soleado sin ninguna nube, pensé: El clima invita a vivir, pero si no hay una razón por la cual hacerlo para que seguir viviendo.
Mis sueños se han roto junto con mi corazón.
Mientras subía la montaña noté que unas partes tenían un verde pasto y otras simplemente puras piedras.
Seguí subiendo hasta donde mis fuerzas me lo permitieron, había un árbol, era robusto y daba buena sombra. Ya que el cansacio era insoportable decidí descansar en ése árbol.
A lo lejos vi a un conejo el cual venía brincando y corriendo, se iba acercando hacia el árblo en cual estaba, y a cinco metros cayó.
¿Será mi día de suerte?, no he comido nada y el conejo ha caído. Lo tomaré y me lo comeré.
Creo que no sabrá igual a como la hacían en mi aldea, quizá esto sea signo de que soy el último que vive de aquella aldea.
Me levanté del árbol y entusiasta me acerqué al conejo, lo agarré y dije: comeré un exquisito conejo, la especialidad de mi aldean.
Justo cuando regresaba hacia el árbol esuché un cascabel.
Giré lentamente para ver de donde provenía el sonido. Al ver el lugar donde lo escuché un frío corrío por mi espalda, estaba justo a mí la razón de porque el conejo murió, era una víbora de cascabel.
No podré comerme al conejo ya que su veneno corre por su cuerpo, pero ¿qué hago ahora?, aquella serpiente estaba enrroscada en sí misma lista para lanzar su ataque. No puedo correr; esperaré a que ataque para lanzar un contraataque. Era una idea demasiado descabellada, pero si corría ella me alcanzaría con singular facilidad y el final sería el mismo.
Sí esto ha de tener un trágico final para mí, moriré como un guerrero que siempre he querido ser, moriré en batalla y peleando.
Pasaban los segundos y la serpiente era demasiado paciente, esperaba a que hiciera un movimiento en falso para que realizará su movimiento, yo esperaba lo mismo no puedo ganarle es muy rápido y tiene un mayor alcancé que el mío. Pero ¿cómo la iba a atacar o defenderme? lo único que tengo en la mano es un conejo.
La serpiente sólo se tiene a sí misma y con eso le es suficiente, pensé lo mismo me tengo a mí mismo ¿cómo terminaría esto?. Su audacia, su velocidad, su letalidad, su paciencia está dentro de su naturaleza.
Yo no soy rápido y mucho menos después de que no me encuentro en mi mejor condición, estoy débil, hambriento, sediento además de cansado ya que la montaña estaba demasiado inclinada.
Pasé al conejo a mi mano izquierda, estaba decidido tengo que mover primero en este juego donde si gano seguiré vivo, no puedo perder.
Le arrojé el conejo de arriba hacia abajo con la mano izquiera a la serpiente, cayó a su lado por lo cual ella atacó, cuando arrojé al conejo eso me había permitida ladearme por lo cual pude atrapar por la cabeza a aquella serpiente de cascabel.
Ella se coleaba violentamente, puesto que se imaginaba que estaba a mi merced y que podía hacer con ella lo que me placiera.
Te puedo aniquilar lenta y dolorosamente le decía viéndola hacia los ojos. Sin embargo no lo haré, tú matas para sobrevivir, no eres como los del ejército que me topé el día de ayer, además no te puedo comer ya que tu veneno me causaría la muerte, así que te dejaré en libertad ya que me has mostrado que la paciencia es un factor que te ayuda a que las cosas te salgan como quieres que te salgan.
Te dejaré libre, pero no aún porque debo de ver donde no vaya a ser que te suelto aquí y nos volvemos a enfrentar y tú ganes.
Caminé y caminé con la serpiente tomada por la cabeza, mi cansancio era incontenible. Durante mi camino veía todo tipo de animales, venador, pumas, coyotes y lobos, los veía de lejos y era demasiado cauteloso.
Mi caminata era larga y en en medio del camino había un hoyo, era la madriguera de la serpiente que traía en la mano, así que la depositaré ahí y me iré lo más rápido que pueda.
Así fue, así lo hice y corrí tan rápido como pude para que ella o alguna de las de su manada me alcanzaran, al parecer el sol hacía que las serpientes no salieran y se atajaran del mismo.
Sin darme cuenta había llegado a la cima de la montaña, veía una aldea al otro lado, voy a la mitad del camino, tengo que seguir me falta poco.
Pasaron las horas y yo seguía caminando, había llegado a las faldas de aquella aldea, al estar a punto de entrar caí de cansancio.
No sé cuanto tiempo pasó y una bella joven me tomó del brazo y me dio la vuelta, quedé boca arriba, lo que veía era su bella cara y el sol a su lado, como si su cara iluminará con la intensidad del sol.
Ella amablemente me preguntó:
-¿Has caminado demasiado y estás muy cansado verdad?.
No pude responder estaba sorprendido de su belleza, sus ojos azules eran tan intensos y tan profundos como el mismo mar, su nariz era pequeña, sus labios grandes y rosados, y su cabello tan castaño como el brillo del cobre.
-Sí -respondí nerviosamente-, me gustaría un poco de agua.
-Vamos a mi casa- respondió mientras me ayudaba a levntarme- allá te daremos agua.
-Muchas gracias espero que no sea na molestia.
-Claro que no, además que no nos vendría mal visitas. Sólo vivo con mi madre.
Empezamos a caminar rumbo a su aldea. No deciamos nada ni conversábamos, ambos mirábamos el camino.
Un camino lleno de tierra, el silencio era imponente, pensé en romper el hielo pregúntandole cuál es su nombre, el por qué me estaba ayudando.
Llegamos a la entrada de la aldea, estaba custodida por dos hombres corpulentos.
-Bienvenida a casa Keyna -dijo un guardian mirándome fijamente-, ¿quién es tu amigo?.
-Estaba tirada a faldas de nuestra casa (refiriéndose a su aldea), pero no sé como se llama.
Yo iba ingresando detrás de Keyna y justo cuando iba a pasar ambos guardia cruzaron sus armas prohibiéndome el paso.-¿Cuál es tu nombre joven? -me preguntó mientras desenfundaba su arma-. ¿Tienes un nombre?
-Mi nombre es Llewelyn -le dije sin temor alguno- mi aldea fue destrozada y fuí el único en huír y salir con vida.
-¿Llewelyn?, vaya "como un león".
-Jajaja, no te ves como un león -burlándose sarcásticamente- puedes pasar. Si quisieras hacerle algo a Keyna ya lo hubieras hecho.
-Te vigilaremos muy de cerca -replicó el otro guardia- . Cuídate mucho Keyna y saluda a tu madre de mi parte.
Después del pequeño incidente con los guardias, seguimos nuestro camino.
Los aldeanos eran herreros, pescadores y cultivadores. Sus ropas eran humildes, además de que su disciplina era muy fuerte.
-Así somos los de kendrack, personas muy humildes y trabajadoras - decía Kenya mientras señalaba hacia una casa-, allá vive una señora muy trabajadora y muy amorosa.
-¿Y es allá hacia dónde nos dirigimos?
-Sí, es hacia allá.
Llegamos a la casa, Kenya tocó la puerta de madera. Del otro lado se escuchó una voz de una mujer la cual dijo:
-¿Eres tú mi querida niña?
-Sí madre soy yo, he vuelto y además he traído la flor que me pediste del monte taros.
La madre de Kenya abrió enseguida y me miró de una manera despectiva, de manera tajante me dijo:
-¡Largo de aquí!, no eres bienvenido, vete antes de que llame a los guardias.
La señora tomó a su hija y la metió a la casa cerrando de manera violenta la puerta de madera.
Algunos herreros y carpinteros se acercaron a mí, el más corpulento, con martillo en la mano se dirigió a mí y me dijo:
-Deja en paz a la señora Amy y a su hija si es que quieres que tu cara no sea modificada a golpes.
-No he hecho nada malo -expliqué con temor-, vengo cansado, he perdido todo, sólo me tengo a mí.
-¿cómo sabemos que no mientes?, ¿cómo sabemos que no eres otro ladrón que viene y se lleva todo lo que puede?.
-Mírenme ¿acaso tengo pinta de ladrón?.
-Muchos se han disfrazado y han contado la misma historia que tú, les hemos dado asilo y en la noche nos roban nuestras pertenecias.
-Yo digo que hay que molerlo a golpes y su cuerpo ponerlo a la entrada de la aldea -lanzó esas palabras ferozmente mientras se preparaba para pelear- así sabrán los ladrones lo que les espera.
Eran demasiados y no podría con ellos, no podré con ellos ni aunque estuviera en mi mejor forma. Era imposible huír me habían rodeado.
Uno de ellos lanzó el primer golpe con un mazo el cual se impactó en mi rodilla fracturándola al instante.
-¡Aaaaaaaaaaa! -grité desgarradoramente-, basta yo no soy ningún ladrón, ¿acaso mis ojos son los ojos de un ladrón?.
-Yo te creo -dijo Kenya al unísono- él no es ningún ladrón, lo hallé al final del monte taros y decidí traerlo para que esta noche pudiera vivir.
-Si mi hija confía en él, yo confío en mi hija.
Dax, ayúdame a meterlo a la casa -ordenó Amy-, tedremos que curarle la fractura y su piel se vé muy mal, al parecer ha pasado más de un día bajo éste sol tan caluroso.
Lo último que recuerdo fue que Dax me me cargaba para ingresarme a la casa de Amy, una vez dentro me colocó en una mesa cuadrada de madera, el dolor y mal estado hicieron que perdiera la conciencia.
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