jueves, 23 de febrero de 2017

Destinos encontrados.

La noche nos alcanzó y decidimos dormir justo dónde estábamos. Parecía que una gran tormenta había pasado por ese lugar, el ambiente era muy extraño y se me dificultaba respirar. Un intenso dolor se apoderó nuevamente de todo mi cuerpo, y antes de caer lo último que vi en aquella noche fue la cara de Kenya.
No sé cuánto tiempo dormí, el aire se sentía diferente.
-Llewelyn -escuché una voz que me nombraba- ya es tiempo, despierta para que podamos platicar.
Me desperté y no sabía de dónde venía aquella voz, quizá estaba enloqueciendo porque sólo retumbaba en mis oídos. Tuve una extraña sensación la cual hizo que el corazón me latiera más rápido.
-Estás demasiado nervioso, por favor cálmate, concéntrate para que me pueda hacer visible.
Después de los últimos sucesos pensé que todo era posible, no obstante decidí seguir los consejos que me dictaba. Me relajé, me senté y mi respiración la hice lenta y larga.
-Eso es, vas muy bien sigue así -dijo aquella voz- no me temas Llewelyn, si te quisiera hacer daño te anunciaría mi llegada.
Había llegado el momento y estaba concentrado con los ojos cerrados, algo está raro. ¿Cómo es posible que esto suceda?, me siento diferente y más ligero...
-Llewelyn, Llewelyn...
Todo se tornó muy luminoso, no soporté aquel resplandor que casi me enceguece. Aquella intensa luminosidad fue absorbida por mi corazón.
Estaba desconcertado de lo que había sucedido y seguí concentrándome más. Cayó una densa y gran oscuridad como árbol que es derribado con un hacha. Algunas fieras salían de la nada, sólo alcanzaba a apreciar la luminosidad de sus ojos en contraste con la oscuridad.
Sí bien, ¿estoy es una locura o un sueño muy extraño? me pregunté. No importaba lo que fuese, estaba seguro que el miedo no puede estar e una locura y mucho menos en un sueño.
Aquellas bestias me tenían rodeado y gruñían de manera amenazante; una decidió lanzar sus grandes garras y colmillo hacia mí, mi boca se abrió por instinto y todo lo absorbió.
-Muy bien, has rebasado mis expectativas, ahora abre tus ojos para que me veas.
Abrí los ojos muy lentamente... me quedé atónito ante la figura que estaba enfrente mío, era aquel guerrero viejo con el cuál había conversado antes de que todo comenzará.
-Nos volvemos a ver -dijo mientras se me acercaba- la verdad creí que necesitarías una segunda oportunidad para que me pudieras ver. Escúchame bien, mi tiempo se está terminando y pronto tendré que irme.
Aquellas palabras que repitió el viejo eran dagas que caían una tras otra sobre lo más sensible de mi ser. La primera vez que nos encontramos sentí una sensación de seguridad y mucha paz.
Se acercó a mí y puso su mano derecha sobre mi frente y dijo unas palabras que nunca las había escuchado, después de que pronunció estas palabras aparecimos en una habitación gris, muy oscura, la única luz que emanaba era la de las antorchas colocadas en las esquinas.
-¿Dónde estamos? -le pregunté al viejo guerrero mientras miraba de hito en hito.
-Eso no importa ahora, presta mucha atención a los que nos alcanzarán y por ninguna razón interactúes con ellos, ¿quedó claro?
-Sí -admití sin comprender nada.
El guerrero se dirigió al frente de aquella habitación dónde había una silla, lo seguí hasta que tomo asiento.
A mis espaldas se escuchaba el crujido de unos barrotes que se rompían y el arrastre de unas cadenas. Cada vez se escuchaban más cerca, con el miedo que sentía no quise voltear, pero se escuchaba más cerca.
Aquellas cadenas habían cesado, sin embargo, sólo me limité a ver al viejo en su silla de piedra.
Ambas presencias se colocaron a mis lados, volteé a la izquierda y vi la silueta de una persona alta la cual portaba una túnica que sólo se le podía ver la boca.
Se percató de que lo observaba y ladeo la cabeza hacia el lado derecho y sólo me dedicó una sonrisa, me atemoricé porque la escena fue escalofriante.
-¡Deja de jugar Llewelyn! -dijo el viejo guerrero mientras me miraba a los ojos reprendiéndome-  pongan atención que no queda mucho tiempo.
Bajo de la silla y abrió un pasadizo que estaba debajo de su silla y en frente de nosotros, sacó diferentes armas y las puso a un lado.
-Divide estas arman en dos bandos -fueron las órdenes del guerrero- después regresa a tu lugar y espera.
Me acerqué y dividí, del lado derecho coloqué una espada, un escudo y un arco. Del otro lado puse dos cimitarras, y un mayal de guerra. Retomé mi posición y esperé las nuevas órdenes.
-¿Todos están de acuerdo con esta división? -preguntó el viejo con una voz imponente.
Yo no dije nada puesto que ta pregunta pareciera que es lanzada hacia los dos seres que estaban a mi lado, ellos tampoco respondieron así que nada más asintieron.
-Llewelyn, ponte en medio de los dos bandos de armas y ustedes dos -los vio con la mirada- detrás de cada montón y de Llewelyn.
Caminé lentamente hasta acatar las órdenes del viejo.
-¿Así está bien? -pregunté temerosamente.
-Sí -confirmó el guerrero- Ahora viene la parte que a todos nos interesante para los cuatro.
-Verás que sí -dijo quien me dedicó la sonrisa- un poco cruel, pero aquella definirá los lugares que nos corresponden.



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