viernes, 7 de agosto de 2009

El comienzo.

Empezaba a llover y me quedé solo. Pensé en unas hora cera la noche, es momento de encontrar un refugio que me cubra de esta lluvia. Proseguí por la vereda más cercana la cual me llevó a una pequeña cueva, a la cual era pequeña y solo un pequeño rayo de luz que la luna me brindaba, era lo único que iluminaba la entrada. Decidí acampar ahí.
A lo lejos había una jauría de lobos los cuales aullaban a la luna. Los observé por un tiempo.
Con la lluvia y los lobos cerca de un río cuya corriente era demasiado fuerte, un lobo resvaló. Los otros lobos al ver lo que pasaba con uno de sus camaradas, sin pensarlo decidieron ayudarlo, no les interesaba si su vida la ponían en riesgo dos de ellos se aventaron al río para traerlo a la orilla. Mientras los 4 más pequeños de la jauría buscaban como ayudar a sus hermanos, empezaron a correr hacia el mismo sentido que la corriente arrastraba a sus tres integrantes de equipo.
Más adelante había un árbol pequeño, pero de buena madera, los pequeños trataron de tirarlo, se impulsaban y aventaban sus cuerpos para derribarlo, no tuvieron éxito. Después de su intento fallido, un trueno se hizo presente cayendo justo en las raíces del árbol, al impactarse el trueno en las raíces del árbol, éste cayó en el río, de una orilla a otra.
Los tres lobos que se encontraban en el río, luchaban ferozmente para salvar sus propias vidas, la corriente los jalaba demasiado rápido, así que cuando llegaron al árbol, recibieron un fuerte golpe en el estómago, sin importancia ellos se sujetaron con las últimas fuerzas que les quedaban. Los cachorros al ver esto, cada uno de ellos mordieron una de las raíces del árbol y tratando de jalar el árbol a tierra firme, su esfuerzo era inútil. Algo dentro de mi me impulsó a ayudar a la jauría de lobos, dentro de mi una voz interna me dijo:
-No cometas el mismo error dos veces.
Me apresuré para auxiliar a la jauría, los cachorros me vieron y como si supieran que los iba a ayudar se abrieron haciéndome un pequeño espacio, para que tiráramos juntos del árbol, simplemente no podíamos mover el árbol, uno de los tres lobos que estaban luchando por su vida, parecía que era vencido. Los cachorros se percataron de eso y fue increíble lo que pasó, los cachorros sacaron una fuerza sobrehumana la cual permitió que ellos cuatro trajeran el árbol a la orilla, al ver esto simplemente tomaba a cada lobo y lo ayudaba a ponerlo en tierra.
Al poner al último lobo a salvo, la tormenta se desvanecía.
Como agradecimiento no sé si así fue, el equipo de lobos permanecieron conmigo hasta que saliera el sol, después de presenciar eso, derramé unas lágrimas ya que me recordaban porque en este momento me encontraba en este sitio.
Mi historia es parecida a la que los lobos habían vivido, ya que yo me encontraba en este lugar gracias del amor de mi hermano. Provengo de una aldea donde todos eran pescadores y campesinos, éramos una aldea humilde, todos nos cuidábamos unos a los otros, como una gran familia. Un día lluvioso de noche, llegó corriendo un guardia y nos habló de que la aldea estaba en peligro, ya que un general del ejército temible había amenazado que mañana todos seríamos sus prisioneros , para mantener a su ejército bien alimentados.
El ejército temible, era tan solo una leyenda, eso pensábamos todos. La leyenda era contada de generación en generación, el ejército temible, estaba conformados con soldados desalmados que no les importaba matar para obtener lo que querían, eran seres que toruraban por diversión.
Esa misma noche se realizó una junta de emergencia, era visible que no íbamos a ganarles ya que no somos guerreros, pero tampoco permitiríamos que nos tomaran para utilizarnos y darnos tratos humillantes, así que a primera hora de la mañana todos los hombres pelearían para proteger a sus familias humilde y la aldea que con cariño los había acogido.
El plan ideado fue que mujeres y niños escaparan esa noche, yo deseaba pelear, mi hermano mayor no lo permitió y me exigió que me fuera y me dijo:
-Corre, sálvate, yo voy a estar bien. Tú tan sólo eres un niño de 15 años, huye pronto y recuerda que siempre voy a estar contigo.
Con lágrimas en los ojos me retiré de mi aldea. Dos días después regresé a mi aldea, todo había sido destruido, no había nadie.
Triste decidí irme lejos ya que lo que fue mi hogar ahora no era nada, todo estaba devastado.
Al recordar esto unas lágrimas rodaron por mis mejillas, un lobo pequeño se recargó a mi lado y lamió mi cara, ese gesto me hizo sonreír, ya que era como si no estuviera solo.
Recordé lo que el viejo me había dicho que necesitaba un motivo para luchar, por fin lo encontré es la venganza. Me haré un guerrero y lucharé contra el ejército temible. El jefe de los lobo me miró a los ojos, como si me quisiera decir algo, volví a escuchar la misma voz que anteriormente me había hablado y me dijo:
-La venganza sólo te va a segar, el vengarte no se llevará tu dolor, ¿ tu hermano hubiese deseado que hiceras eso?, el dió su vida por ti, ¿esa es la forma de agradecerle?.
Al escuchar eso me quedé pasmado, por un momento pensé que era mi hermano. Ya eran altas horas de la noche así que decidí dormir un poco ya que me esperaba un día largo.

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