Amaneció, el primer rayo del sol me dio justo en la cara, por lo cual me desperté. Los lobos ya estaban de pie, pareciera que los lobos ya estaban listos para seguir su camino.El lobo más pequeño se me acercó y me lamió la mano, eso gesto indicaba que era tiempo de que ellos partieran y así fue, los lobos se fueron. Pensé que su camino ya estaba trazado, por el contrario el mío no, tampoco me podía quedar en aquella cueva, la cual no era agradable para vivir, al menos me ofrecía algo en que refugiarme por las noches.
De pronto escuche las pizadas de un caballo que se acercaba trotando, eso no era bueno ya que me encontraba muy lejos de cualquier aldea, con demasiada cautela espíe quien era. Vi un caballo negro con coraza de guerra, quien cabalgaba al caballo era un centinela del ejército temible. La figura del centinela imponía respeto y miedo, era un guerreo de dos metros, que portaba un casco de guerra, era un guerrero musculoso de piel blanca, su mirada reflejaba demasiada maldad, inspiraba miedo, tenía unos ojos negros los cuales parecieran que no tuvieran fondo. Cuando lo veía a los ojos sentía una sensación muy rara, la cual pareciera que su mirada cortara mi vida, me faltaba el aire cuando lo veía a los ojos, era algo inexplicable, pareciera que con esos ojos negreo llenos de irá pudiera ver a trabes de mi.
El guerrero observó todo lo que le rodeaba, el centinela soltó un gritó desgarrador, el cual hasta tensó el aire, el grito me paralizó de miedo y como pude trate de esconderme en lo más profundo de la pequeña cueva.
El guerrero dijo:
- Este es un buen lugar estratégico, acá descansaremos y a la mañana siguiente tomaremos la aldea más cercana.
El caballo dio la vuelta y regresó por donde llegó.
No podía quedarme ahí, era demasiado peligroso, decidí partir, tomé un poco agua del río donde habían caído los lobos, no podía llevarme agua ya que no tenía en que almacenarla. Caminé siguiendo cuesta abajo del río, ya que era la única salida que tenía.
Así caminé todo el día hasta que llegará la noche, dormí a lado del río, por un momento pensé que el río no tenía fin. Pasó la noche era hora de ir hacia adelante, bebí nuevamente del mismo río, no tenía nada para comer, sólo me quedaba el agua que el río me brindaba.
Era hora de descansar la noche iba a llegar pronto y ya no podía dar un paso más, por lo cual necesitaba dormir hasta que el sol volviera a salir. El amanecer se hizo presente, retomé el sendero por el cual andaba y en una hora llegaba al fin del río. Era demasiado mi esfuerzo que había realizado, ya no podía caminar más, el sol quemaba como nunca lo había sentido, pensé que hasta aquí era el fin de camino ya que no había comida desde hace tres días.
Caí boca abajo porque ya no tenía energías para seguir, pensé que en ese mismo lugar había llegado la hora de mi muerte, la muerte no me asustaba ya que si moría me podría reunir con mi hermano, mi familia y los integrantes de mi querida aldea.
El río provocó una ola que llegó hacia donde estaba tirado, la ola me cubrió por completo, empecé a sentir que algo brincaba sobre mi espalda, era increíble lo que eran, eran dos grandes pescados, dejé que los pescados se asfixiaran para después comerlos.
Comí los manjares, bebí las últimas gotas que podía beber de aquel río y al río le dije:
-Gracias por todo querido río -dije mientras me incorporaba-.
me despedí del río y proseguí mi camino.
He vuelto a caminar otro día entero, ahora frente a mi, hay una montaña colosal, que por su tamaño el rodearla me tomaría aproximadamente una semana, era más sencillo y a la vez más arriesgado escalarla.
Nuevamente la noche me había alcanzado, era hora de dormir, ya que ahora lo que tenía que superar era una montaña gigantesca. Antes de dormir me pregunté:
¿Cuál es mi camino?, si este es mi camino ¿hacia dónde voy?. Después de preguntarme eso, caí rendido de cansancio.

