sábado, 27 de octubre de 2012

Un duelo muy injusto.

El guerrero se colocó en posición de batalla. No había lugar a dónde correr, estaba rodeado por la aldea y a mi espalda estaba la casa de Kenya.
Los aldeanos tomaron lo que estaba a su alcance: palas, redes, martillos etc.
La situación se tornó sombría para mí, no sabía qué hacer y el tiempo se me acababa, sin embargo, algo me lleno de  valor; no sé que es, pero se sentía como dos fuegos en mi interior. Uno era cálida, pero el otro frío.
-¡Es tiempo de terminar con lo que vine a hacer! -dijo el guerrero- ya has creado muchos problemas, eres apenas un niño. Un niño el cuál no pude detectar tu presencia al entrar a la aldea.
-Si no me has podido detectar ¿cómo es que ellos cuentan que les han robado muchas veces los foráneos?.
-Simplemente quería demostrar que necesitaban estar unidos. Los dejé entrar porque vi que sus intenciones no eran destructivas, pero nadie ha sufrido más que de robos ¿lo entiendes?
-Si los has mantenido a salvo, ¿por qué no detectaste mi presencia?
-No lo sé, quizá simplemente eres alguien muy pequeño que no vale la pena detectar.
Al decir esas palabras el guerrero sentí que mi fuego frío se hacía más intenso, y por alguna extraña razón me sentía más fuerte y demasiado impulsivo.
-No me hagas reir -dije de manera soberbia- tal vez no eres un guerrero de élite.
-¡Tienes una lengua muy grande niño y esas palabras son las que te han acabado! -dijo con una mirada dura- es hora de terminar contigo.
El guerrero se arrodilló y de su bota sacó un pequeño cuchillo; era muy brilloso y se veía extremadamente filoso.
-No vale la pena que te maté con una estocada, no eres nada niño y ahora verás las consecuencias de tus palabras.
Sentí un dolor muy fuerte en la cabeza, casi era insoportable. Me llevé ambas manos a la cabeza y también me arrodillé porque el dolor era extremadamente doloroso.
Perdí el control de mi cuerpo, me quería mover pero no podía. Era cómo si yo sólo pudiera ver, era lo único que podía hacer simplemente ver.
Al percatarme que estaba paralizado y que el cuerpo no respondía, pensé que así terminaría mi vida.
Hizo su movimiento, me arrojó el cuchillo con una fuerza y exactitud abismal. Mi cuerpo se agachó totalmente, dejando mi espalda contra el suelo y vi al cuchillo pasar.
Esto está muy extraño, no me he movido y he podido esquivar el tiro.
La gente estaba sorprendida de cómo me había librado de ese ataque.
Me levanté y sacudí la tierra de mi ropa.
-¿Es lo mejor qué tienes?
-¡Chiquillo insolente!.
Tomó su espada y se echo a correr, al estar cerca de mí intentó derrumbarme embistiéndome con su escudo.
Libré su embestida saltando al lado derecho, atacó ahora con la espada.
No sabía que pasaba con mi cuerpo, era cómo si yo fuera un títere y alguien más me controlaba.
Así seguimos, él atacaba y yo esquivaba.
-Me aburres, pensé que en verdad podías hacerme daño - le dije observándolo a los ojos- no tengo porque preocuparme por ti, sin embargo, ya me estás colmando y si vuelves a realizar otro ataque no me dejas otra opción más que atacarte, y créeme tu sangre se derramará -saqué la lengua saboreándome.
-Hace mucho que no tengo un rival como tú, tomemos este duelo en serio.
Nuevamente el guerrero volvió a cargar intento cortarme por la mitad desde la cabeza, y con una velocidad que no sabía qué tenía le sujeté la muñeca bloqueando así su ataque.
Al ver que lo tenía sujetado, asestó un golpe con el escudo el cuál lo neutralicé con la pierna.
Comencé a ejercer mayor presión en su muñeca, acto seguido de qué se quejaba del dolor.
A lo igual también lo hice con la pierna y su escudo salió volando.
-No es justo, tú tienes el escudo y la espada - le dije mientras seguíamos forcejenado- así que este duelo se torné más parejo.
Lancé un puñetazo a su clavícula izquierda, fracturándola; el crujir se escuchó claramente.
Seitran lanzó un grito descomunal.
Los espectadores de la batalla estaba atónitos; un muchacho como yo ganando el duelo contra Sentran, quién los había protegido desde hace mucho tiempo.
Yo sólo podía contemplar las escena.
Presioné más fuerte la muñeca de Seintran haciendo que soltara la espada; lo agredí con una patada al estómago lanzándolo hacia atrás quedando totalmente desprotegido y con su espada a mis pies.
Levanté la espada de Seitran y lo vi a los ojos.
-Así qué este será el final tuyo y no mio.
-¿Quién eres?.
No dije nada y dejé que el silencio se apoderará del escenario.
Dos aldeanos corrieron hacia mí con armas en manos. Uno llevaba una lanza y el otro un martillo.
El primero atacó; puesto qué no era un guerrero su ataque no significó mucho y arremetí con un peñetazo en el estómago. El aldeano cayó de rodillas sin aire.
Posteriormente hice un giro que me colocó en la espalda del segundo agresor y lo golpeé en la espalda con el pomo de la espada.
No me había percatado de que Kenya estaba detrás mio justo dónde había quedado el cuchillo que Seintran había lanzado.
Me acerqué poco a poco hacia él con la espada en mi mano derecha.
-Mátame a mí, pero por favor, a ellos déjalos vivir y no les hagas ningún daño. Estos aldeanos los he protegido desde que mi padre murió, sin embargo, he fallado, no los he podido proteger. Ya que no les he podido cuidar espero qué con mi sacrificio los dejes vivir.
-¡Mátalo! -gritó alguien detrás mio- ¡te ha intetado matar, además es un duelo y en los duelos siempre sale uno nunca dos!.
-¿Por qué haría yo algo así? -le pregunté sin verlo- además él te ha protegido, solo hay una razón por la cuál quieres que lo haga, tú no eres de esta aldea o él es tu enemigo.
Al pronunciar estas palabras lanzó muy rápido el cuchillo que al inicio del duelo había lanzado Seintran.
La trayectoria de ese tiro era el cuello del guerrero; detuve el cuchillo haciendo que chocara contra la espada.
El sujetó tomó de rehén a Kenya y la amordazó con una daga.
-Tú eliges, es él o ella, ¿quién deseas qué viva?.
-No dejaré que ninguno de ellos muera, mi deber es protegerlo -me dijo Seintran- acepta el intercambio y déjame morir con mi honor.
Me agaché para tomar el cuchillo, lo coloqué en mi mano izquierda.
-No quiero ver correr sangre, con mi familia y aldea he tenido suficiente- dije mientras me incorporaba- no puedo decirte quién debe de vivir -coloqué la espada en el cuello de Seintrna- si tú quieres, puedes tomar la vida de Seintran, pero deseo qué a Kenya la dejes ir.
De pronto sentí cómo si esta situación ya la había vivido, y la parte del fuego frío y oscuro se apoderó de mí, cambiándome totalmente los sentimientos; rabia, ira y odio recorría todo mi cuerpo.
Seintran al verme a los ojos se aterró.
Me volteé y vi directamente a los ojos al sujeto que tenía Kenya.
Cuándo me vio a los ojos, empezó a tiritar de miedo. Tanto que tiró la daga y dejó ir libre a Kenya.
Entre más me acercaba a él, el sujeto retrocedía.
Llegué al lugar dónde había tirado la daga, me agaché, dejé en el piso la espada y la cambié por la daga. Me levanté y en una mano tenía la daga y en la otra el cuchillo.
-Así que has esperado qué Seintran revele su identidad y esperas darle muerte - le dije mirándolo fríamente a los ojos- para vencer a un guerrero como él se necesitan más de uno, así qué ordena a los demás que salgan.
-No eres un niño normal, tus movimientos -dijo con mucho miedo- se requiere el doble de tu edad para ejecutar tus movimientos.
-Me estás desesperando, ordena que aparezcan o esto se va a poner muy feo.
Aparecieron cinco sujetos más. Me reodearon; y me veían muy detenidamente. Eran grandes, de facciones alargadas y desagradables.
-Eres muy listo niño -dijo uno de ellos- te diste cuenta de qué estábamos aún cuándo peleabas. 
Contra un openente eres habilidoso veamos cómo te va contra nosotros.
Ataque sorpresivamente lanzando ambas armas a mis openentes que estaban colocados a mis lados.
Las armas se impactaron en sus gargantas muriendo instantáneamente.
Con la punta del pie levanté la espada y ataqué al oponente de mi lado izquierdo, clavándole la espada de manera certera en el estómago.
Los otros dos me atacaron simultáneamente; bloquee sus ataques con la espada y a continuación arremetí contra ellos. Herí al más corpulento en la pierna cayendo de bruces.
El otro tipo hizo un grito al ver a sus aliados caídos.
-No por favor no me mates -me dijo- dejaremos esta aldea en paz y también a Seitran.
El guerrero caído se quejaba de la herida y puse fin a sus dolencias.
-Interesante oferta -dije mientras clavaba la espada en el pecho del que estaba tirado- tenía qué hacerlo, no me dejaba escuchar y el ruido me enfurece.
Intentó huir al ver cómo acabé con su amigo, y con la espada lo degollé.
Me volteé hacia dónde estaba quién había tomado por rehén a Kenya y le coloqué la punta de la espada en el cuello. Le sonreí y le di un cabezazo dejándolo inconsciente.
Caminé hacia Seitran, su espada aún estaba bañada en sangre.
Seintran se incorporó y se colocó en posición de batalla.
-Jajaja no me hagas reír  no pudiste conmigo cuándo tenías ambos brazos bien, sin mencionar tu escudo y espada.
-Terminemos el duelo.
-No vine a derramar sangre nuevamente, no te metas en mi camino.
Regresé la espada a Seitran y caminé hacia la puerta de salida. Volví nuevamente a recuperar el control de mi cuerpo, pero esta vez me sentía muy cansado y agotado y apenas y podía hablar.
-Métanlo al cuarto dónde estaba -dijo Kenya sin contemplaciones.
-Es un peligro para nosotros, Seitran no pudo contra él ¿por qué quieres que regrese nuevamente a la alcoba de tu casa? -dijo un aldenao.
-No es malo, ¿acaso sus ojos no les permiten ver más allá de las apariencias?. Hicimos mal al juzgarlo sin siquiera conocerlo, y lo agredimos sin siquiera escucharlo. 
Además me siento protegida a su lado, es raro, sin embargo, cuándo caminé a su lado sentí una oscuridad muy sombría, y una luz muy intensa al mismo tiempo.
ÉL me salvó la vida, ¿acaso han olvidado el lema de nuestra aldea?.
Si un extraño le salva la vida a uno de nosotros es parte de nuestra familia.
Se lo debo, y le pagaré lo qué él hizo hace unos momentos.
-Tú eres una heredera de línea y no dejaremos que corras riesgos -espetó un pescador- es muy peligroso para ti y para nosotros que se quedé en tu casa.
-No tengan miedo porque nada sucederá -dijo Kenya levantando una mano- les doy mi palabra.
La reacción de la aldea fue controversial, pero estaban de acuerdo con ella. Por lo que me regresaron de nuevo a la alcoba dónde estaba.






viernes, 12 de octubre de 2012

Dos antiguas caras conocidas.

No sé cuanto tiempo ha pasado. Fue lo primero que pensé al despertarme; veía borroso y sólo distinguí la silueta de Kenya. Estaba preparando té.
Al terminar de preparar el té Kenya salió de la casa, justo en ese momento entró Amy. No sabía que pasaría, aún no sé porque me tendieron la mano y de la misma manera me pregunté: ¿Por qué es que les temen tanto a los foráneos?
-Al fin despiertas, ¡ya es demasiado con ser pobre sino que también tenemos que cuidarte! -Dijo Amy muy enojada y con una mirada muy severa- ahí hay un poco de té, tómalo que te hará sentir bien.
-Muchas gracias -dije lo más amable que podía-, aún me duele mucho la pierna y no creo poder moverme, ¿podría servirme un poco, por favor?
- Jajaja - se rio Amy- ya te dije que ahí está, ¡así que sírvete!. Después de todos los apuros que nos has hecho pasar todavía quieres que te demos un trato especial.
-Sé que mi llegada sin anunciar ha causado mucho revuelto, sin embargo, también sé que estoy solo, pero por el momento no puedo caminar.
-Ahí está el té, si quieres sírvete - dijo Amy mientras se servía un poco- tengo cosas por hacer así que ya es tiempo de que salga.
Inténtalo -escuché algo en mi interior- aunque no lo sepas vales mucho y puedes levantarte siempre que tú lo quieras.
Me quedé perplejo, así que simplemente creí que lo había escuchado por el hambre y ser que tenía, además de que caminé demasiado.
Traté de incorporarme para caminar, pero fallé y me caí; sintiendo un dolor muy fuerte. No grité, traté de reprimir todo ese dolor que me castigaba.
Seguía tirado y entró Kenya.
-¡No intentes caminar!, es muy pronto para que lo hagas -dijo Kenya mientras me ayudaba a incorporarme- aún no sabemos la gravedad de tu lesión, así que por el momento tendrás que estar reposando si quieres recuperarte.
-¿Por qué has intentado caminar? -preguntó Kenya viéndome con ojos compasivos- no entiendo porque todos en la aldea te temen, es cierto que a los personas anteriores que les dimos alojamiento resultaron ser bandidos, pero tú eres diferente.
-¿Y por qué crees tú que soy diferente a los anteriores?, ¿por qué es que estás tan segura?.
-Me lo dice mi corazón -respondió-.
Me sirvió un poco de té y me lo llevó hasta donde estaba descansando.
Sólo le dije: gracias.
-No juzgues mal a Amy, ella es así ya que siempre que venía algún foráneo siempre lo lo alojaba sin importar nada. Ella era muy confiada y muy cálida hasta que un día...
-¿Qué le sucedió después? -pregunté muy intrigado-.
-No, no te lo puedo decir además eso sucedió hace mucho.
-Tengo que ir a la montaña por algunas hierbas medicinales que la aldea necesita -dijo Kenya- así que nos vemos en la noche.
Al salir Kenya, sólo sonreí ya que en esa aldea había una persona que su corazón estaba lleno de cosas bonitas. Después entristecí ya que la manera en la que me miró Kenya me recordó a mi madre, cuando yo enfermaba ella siempre me cuidaba, ya fuera a mí o a mi hermano.
Toda estaba en calma, pasaron algunos minutos y yo aún no había bebido el té que me Kenya me dio.
Entró Dax con quién me había propinado el golpe que hizo que mi pierna se quebrará.
Dax sólo me miró y siguió de frente buscando algo, el otro se acercó hacia mí y riendo de manera sarcástica me preguntó:
-¿Aún te duele la pierna imbécil? -dijo mientras me lanzaba un manotazo hacia la taza de té-.
Su golpe fue certero e hizo que la taza se rompiera, en ese momento sentí que perdía el control y estaba tan enojado que tenía la sensación de sueño, pero nunca cerré los ojos.
Cuando desperté tenía de la muñeca al hombre que me agredió dando unos gritos de dolor y a Dax lo tenía sujetado por el cuello con la otra mano.
Al tomar conciencia de mí los solté inmediatamente sin saber que había sucedido.
En la puerta había un tercer hombre que en su rostro se mostraba un pavor indescriptible, supongo que entró cuando escuchó todo lo que sucedía.
Salieron corriendo los tres.
¿Qué fue lo que sucedió? - me cuestioné- no lo recuerdo, me siento muy cansado y no he hecho nada.
Me levanté y fui hacia la taza.
¡Algo no está bien! - pensé- puedo caminar y sólo llevo un día, no es posible, no puedo sanar tan rápido, no con la herida que tenía.
Decidí salir a la aldea, al salir todos estaban trabajando hasta que un granjero me vio.
-¡Un brujo! -gritó lo más fuerte que pudo- ¡mírenlo camina como si nada!, hay que deshacernos de él.
-¡No, no soy ningún brujo! -dije con miedo- no sé aún lo que pasó, pero estoy desconcertado.
No sabía cómo iba a reaccionar la aldea.
Toda la aldea estaba enardecida, gritaban y me rodeaban, estaban a punto de lincharme.
-¡Abran paso! -ordenó enérgicamente- no están a su altura, si alguien debe deshacerse de él soy yo.
Los aldeanos dejaron pasar a aquel hombre, era un hombre alto, corpulento y tenía puesta una coraza, en su mano derecha traía una espada, en la izquierda traía un escudo redondo.
-Así que le destrozaste la muñeca a Trazer y neutralizaste a Dax. Veamos qué tan bueno eres peleando contra mí.
Conforme se acercaba aquel guerrero la gente murmuraba demasiado. Lo único que pude escuchar es que se trataba de Seitran y que era quién defendía a la aldea y la había mantenido a salvo.
Hay algo que no está bien, no es una aldea cualquiera, es muy misteriosa y si Seitran los cuida cómo es que me dejó entrar, ¿acaso no murmuran los aldeanos que es como una leyenda o mito?
Comencé a pensar y sacar mis propias conclusiones, el ejército temible tiene un dominio muy amplio, y lo más probable que para haber llegado a destruir mi aldea el único camino es de dónde ahora me encuentro hacia mi aldea. ¿Acaso será que este guerrero los mantuvo a salvo?, ¿él lo hizo solo?, ahora estoy más confundido.
Seitran me miró a los ojos.
-Interesante -dijo mientras desenvainaba su espada- en tus ojos se reflejan dos caminos muy largos, tal parecen que no tienen fin. Ambos son diferentes, uno es de un bosque muy verde y frondoso, sin embargo, el otro es un bosque oscuro en dónde las hojas se han secado.
No puedo ver más allá, y no puedo ver a esas dos personas que vi que estaban a tu lado cuando le destrozaste la muñeca a Senx y que la otra sujetó del cuello a Dax.
-Yo no recuerdo haber hecho tal cosa. Sólo me quedé dormido y al despertar...
-No hables más -dijo Seintran- me encargaré de ti ahora mismo.
-No sé pelear, no quiero pelear contra ti, sólo lo quiero hacer para defender a los que quiero y  mí -dije temeroso-, pero si quieres pelear contra mí, te concederé ese último placer -dije mientras una sonrisa tétrica se dibujaba en mi cara- comencemos.
En ese momento un duelo estaba a punto de comenzar...